Opinión

Miente, miente, miente y reinarás

Guido Alejandro Arana Hace 1/29/2019 8:00:00 AM

‘Miente, miente, miente y reinarás’ es un eslogan brutal de nuestros tiempos.

Si bien el papel lo aguanta todo, el fuego y el olvido lo reducen a cenizas. Los que debieran ser papelones universales, hoy se llaman posverdad. En este mar de dichos, opiniones, revelaciones incongruentes y falsas, redes que enredan y pronostican el devenir.

Pareciera que hoy mentira y verdad se acogen al juego del qué dirán. Qué es qué y quién es quién en este juego ‘superyoico’ de la sonriente selfi y de las noticias falsas. Tremenda labor la del periodismo de hoy, que tiene que chequear y volverlo a hacer, después de corroborar y comprobar qué de verdad hay en ese rumor locuaz que ganó en velocidad y se ha instalado en boca de todos.

Lo instalado y el difícil arte de desinstalarlo, así como desestructurar lo arcaico. Hoy, atados al ‘miente, miente, miente, que luego reinarás’, resuenan los pasos de esta peatonal de repeticiones a las que no se les caen ideas refrescantes y renovadoras.

Quién podrá defender el juego limpio, el fair play, ni la FIFA, ni la ONU ni la Academia más Real.

La convulsión salió a las redes, que entraron en tu casa y se metieron en tu cama. Mientras duermes, siguen trabajando con algoritmos exactos e implacables.

Hoy la repetición causa la inclusión y el ‘in’ de la felicidad. Un combo incluyente y efectivo. Cuando todos opinan lo mismo, algo no se piensa, tampoco existe. El gran trabajo de una maquinaria que formatea, que nos formatea, para luego blindar los significantes más ‘útiles y funcionales’ que serán luego defendidos a muerte.

A tal punto que no se vean ni se quieran ver las contundentes cifras en rojo, el deterioro de las vidas comunes, sin importarles tampoco la degradación de las democracias, el endeudamiento de la nación, la violación de las normas y el hundimiento de las economías.

Con un desparpajo iridiscente se logra dividir a rajatabla. Método clásico del poder, que escinde y aliena. Repetir, repetir, repetir para colmar la enajenación y alejar definitivamente el pensamiento crítico, la duda y la sospecha. La conspiración funciona sola, ya no hacen falta reuniones ni citas ad hoc.

Nunca más actual la caverna de Platón, donde hoy más simpatías tiene el hombre sentado frente a las sombras, observando y viviendo su realidad, negando la otra versión de la realidad exterior, gozando su comodidad y conveniencia. Y que la función siga hasta el último suspiro.