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Prensa sometida (II)

Juan José Toro M Hace 1/16/2020 7:00:00 AM

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Después de más de un año de evidente tensión, el entonces presidente Evo Morales le declaró formalmente la guerra al periodismo independiente el 24 de mayo de 2007. Ese día terminó el V Encuentro Mundial de intelectuales y artistas que se realizó en Cochabamba con los auspicios del gobierno boliviano, el Capítulo Cubano de la Red en defensa de la Humanidad y la Embajada de Venezuela en Bolivia. El objetivo era diseñar una estrategia para que el discurso del gobierno sea el único que se repita en Bolivia así que se recomendó fortalecer los medios estatales, adquirir otros y cooptar a los que queden. Los renuentes al “proceso de cambio” debían ser asfixiados. Al terminar el encuentro, Morales dijo, textualmente, que esos medios de comunicación eran sus enemigos.

Las organizaciones de periodistas protestaron por ese atentado a la libertad de prensa, pero el gobierno recurrió a la descalificación. La Asociación Nacional de la Prensa, que aglutina a los directores de medios impresos, fue rotulada de “patronal” y “derechista” y se la ignoró sistemáticamente.

Por su naturaleza obrera, la llamada a resistir los ataques era la Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia (Cstpb) pero esta ya había sido cooptada, a partir del sindicato de La Paz, y, después, con la llegada de Remberto Cárdenas a la secretaría ejecutiva nacional.

No era el único sindicato infiltrado. La mismísima Central Obrera Boliviana traicionó el principio de la independencia sindical y sus dirigentes se vendieron al gobierno. Después fueron recompensados con cargos, senadurías y diputaciones.

La Cstpb pasó a manos de Héctor Aguilar que, al terminar su gestión, violó el estatuto de su organización con una sucia jugada: convirtió un congreso extraordinario, que se realizaba en Riberalta, en uno ordinario que lo reeligió ejecutivo nacional. Hasta periodistas que fueron a cubrir el evento, pero no eran delegados, resultaron elegidos dirigentes.

A lo largo de su segunda gestión ilegal, Aguilar fue tan servil al gobierno como la dirigencia cobista. La última cochinada de las cúpulas copuladas por el gobierno masista fue el silencio sindical, un acuerdo para no pronunciarse y mantener las dirigencias hasta después de las elecciones.

Con su organización sindical al servicio del gobierno, la Cstpb no defendió a la prensa que, globalmente, terminó por ser pisoteada.

Cambió el gobierno, pero no la dirigencia de la prensa. Por alguna extraña razón, el Ministerio del Trabajo reconoció al ilegal comité ejecutivo de Aguilar.

Y todavía hay gente que se pregunta por qué la prensa no termina de recuperarse.