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Elena tenía 20 años y dos hijos, uno de 3 y otra de un año, cuando aceptó convertirse en un ‘correo’ humano del narcotráfico. Cuando emprendió el viaje, en enero de 2018, la bebé aún era amamantada. Dejó a sus pequeños a cargo de su hermano de 17 años, quien también cargó con la responsabilidad de su hermano de 7 años con parálisis y la razón por la que la joven madre terminó aceptando la insistente propuesta de un ‘conocido’ de su pueblo del Chapare (Cochabamba, Bolivia) de transportar un kilo de cocaína en su estómago. Así terminó presa en una cárcel de Chile y sin poder asistir al funeral del hermano por el que había puesto en riesgo su vida y libertad.

Elena no es un caso excepcional, como ella hay cientos de bolivianas privadas de libertad en cárceles del vecino país. El por qué, el cómo llegaron a esto y qué hacen los gobiernos de Bolivia y Chile para buscar una solución a esta problemática fue lo que un equipo de periodistas de Bolivia y Chile, de los diarios El Deber, El Mercurio de Antofagasta y La Estrella de Iquique, en alianza con Connectas, se dedicó a investigar. El trabajo, que puedes leer AQUÍ, ha sido ganador este viernes del premio “Pobre el que no cambia de mirada” en Chile, que organiza la Fundación Superación de la Pobreza, Fundación América Solidaria y Comunidad de Organizaciones Solidarias.

Para Nelfi Fernandez Reyes, la periodista del Diario Mayor que lideró la investigación en Bolivia, este reconocimiento tienes dos significados: primero, el periodismo del siglo XXI es colaborativo, “así se derriban fronteras no solo en las coberturas periodísticas sino también en el impacto de las historias que se producen. Segundo, la problemática de las bolivianas convertidas en los eslabones más débiles de la cadena del narcotráfico vuelve a la agenda ciudadana, de los medios y, ojalá, del Gobierno”.

Cristian Ascencio, periodista de El Mercurio a cargo del equipo de Chile, resalta la importancia del premio porque reconoce los trabajos enfocados en investigar y denunciar desigualdades sociales o discriminaciones, como es el caso de las bolivianas ‘carne de cañón’ del narcotráfico, a las que los estados de Bolivia y Chile se han enfocado en perseguir mientras los ‘peces gordos’ continúan operando.

En esta misma línea, Carlos Luz Aguilera, del diario La Estrella de Iquique, sostiene que el que esta investigación transfronteriza haya sido galardonada es un reconocimiento al periodismo regional y colaborativo.

“Es el fruto de varios meses de trabajo sobre un problema transversal que afecta a miles de personas de Chile y Bolivia, como es el narcotráfico. Lamentablemente, es una situación que persistirá si no hay voluntades políticas y reales de los gobiernos para combatir el narco”, agrega.

Poner la mirada a lo que sucede en las regiones

La investigación “Las mujeres carne de cañón del narcotráfico” tuvo como aliada a la Plataforma para el periodismo de las Américas Connectas. Para el director de esta institución, Carlos Eduardo Huertas, el reconocimiento a este trabajo “valida los esfuerzos colaborativos para hacer buen periodismo en la región”. Asimismo, confirma que las iniciativas transnacionales no solamente deben atender problemáticas de corrupción y de denuncia de malversación del erario, sino que también deben exponer situaciones sociales que ameritan una nueva mirada para generar cambios en la sociedad.

“Las mujeres carne de cañón del narcotráfico” encontró que, en el norte de Chile -país con el que Bolivia tiene un conflicto que trasciende a principios del siglo XXI- las cárceles están repletas de bolivianos condenados por delitos relacionados con el narcotráfico.

En lo que se refiere a bolivianas presas, el 96% es por droga. Estas mujeres son capturadas a diario transportando droga a Chile o son atrapadas a medio camino, lo que en Oruro está provocando no solo el colapso del sistema penitenciario, sino también del judicial, por la acumulación de casos.

Te invitamos a leer la investigación AQUÍ