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¿Quién podrá ayudarnos? Crónica imaginaria

José Fernando Suárez S Hace 1/22/2020 7:00:00 AM

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Imaginemos. Que todo está bien. Que Freud duerme en la sala, que nuestro fútbol es el más organizado de Latinoamérica; que Alberto, piensa en cómo escribir su tratado, que no hubo impugnaciones, que se jugó el indirecto y que no hubo walk over, que en las cavernas no entró el fuego de los incendios.

Y vamos al estadio, ese con graderías, no ese que está ubicado solo en la mente y en nuestras conductas, ese que nos separa de nuestra otra vida. En él, nos encontramos lejos de la oficina, del perro enfermo, del anillo devuelto de la novia, de esa radiografía difícil de leer que pone en contradicción a muchos médicos, del examen final de química. Lejos de la rutina.

Cuando Napoleón quería ascender a un oficial le preguntaba si tenía suerte. Esa que necesitan los porteros para lanzarse al lugar donde justo irá el balón o esa que iba a definir si un equipo de nuestra ciudad descendía o no.

Pero Freud (mi perro) duerme mientras de su hocico sale una espuma espesa, mientras piensa cómo recomponerlo a través de la hipnosis, este laberinto que cada vez nos hunde más y más. Nuestro fútbol, hecho pelotas.

Y Alberto Camus, está escribiendo uno de sus escritos más convincentes en contra de la pena de muerte, mientras empáticamente se posiciona al frente del pelotón para tratar de atajar ese penal, el filósofo fue portero. Nuestro fútbol está de muerte.

En su novela Diario de la guerra del cerdo, Bioy Casares sugiere que la mejor forma de adquirir un temple ante la adversidad es ser hincha de un club perdedor. Ni más ni menos, hace varios años que nuestros equipos pelean por mantenerse en la mitad de la tabla y, por eso el carácter del cruceño.

El protagonista principal del fútbol es el hincha, ese que paga todos su entrada y las de sus hijos, ese que trabaja de taxi 12 horas para poder llevar a su hijo al estadio, ese que todos los meses se suscribe a un canal de cable para ver los partidos de visitante de su equipo. Ese hincha es fundamental para que este deporte trascienda.

Muchos deportes se han extinguido por falta de entusiasmo, de recursos, de hinchas, y acá se dan el lujo de hacer lo que les da la gana con este deporte y el hincha, bien gracias. ¿Hasta cuándo? Nos preguntamos, esperaremos que contraten a jugadores de acuerdo a su presupuesto, que le den mejores condiciones a los árbitros, que no violen las convocatorias, que gane el que tiene que ganar y que descienda el que tenga de descender. Hasta mientras…sólo iré al estadio mental (imaginario), ese que me traslada hacia victorias oníricas y derrotas aceptables producto de la aparición de Morfeo.