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Por: Sebastián Espósito - lanacion.com.ar

“Canción de amor contra tanta desdicha”. Siempre es un bálsamo la música de Spinetta. Allí, en medio de una realidad que se empecina en nublarnos la vista y el pensamiento, en hacer añicos nuestros sueños, la música del Flaco se ofrece, una vez más, como una “llama de eternidad”, como una “diadema de amor total”. Son citas de Nueva luna, mundo Arjo y Diadema, dos de las nuevas canciones que hoy vuelan al infinito, pero también conceptos muy arraigados en la obra spinetteana que se dan cita en Ya no mires atrás, su segundo y último álbum póstumo de canciones inéditas.

El estreno del emotivo documental de la serie Bios, de National Geographic, fue la puerta que la familia de Luis Alberto Spinetta abrió para empezar a mostrar este puñado de siete nuevas canciones. Que salga en el día en que el autor de Muchacha ojos de papel hubiera cumplido 70 años no es casualidad. Tampoco lo es que se produzca al cumplirse 50 años de la edición del primer álbum de Almendra. Menos que se llame Ya no mires atrás, en consonancia y gravitando al unísono con aquél “mañana es mejor” de la Cantata de puentes amarillos. Sí lo es que casi una semana antes de este lanzamiento, horas después del estreno para la prensa del nuevo material, el rapero norteamericano Eminem editara su nuevo disco con una canción basada de principio a fin en un sampleo de Ámame Peteribí, tema de 1973 de Pescado Rabioso.

Quizás el universo se haya empecinado en esparcir definitivamente la obra de uno de los músicos más extraordinarios que dio la música popular. Quizás él se haya empecinado en volar aún más alto. Lo cierto es que escucharlo estallar desde el silencio en la inicial Veinte ciudades (un dejo de ese grupo urgente que fue Los Socios del Desierto se cuela aquí) es una práctica que puede sanar el alma, impactar en los rincones donde brota la emoción y ejercer de incentivo. Cada canción se ofrece como una línea de puntos al infinito, que cada oyente completará con el guiño del autor. Sin colores opacos ni matices nostálgicos.

Quiso el destino que este álbum saliera después de Los amigos, las canciones que grabó en 2011 con Dhani Ferrón y Rodolfo García y que se lanzaron en 2015. Pero su registro es anterior y su lugar es inmediatamente después de Un mañana, entre 2008 y 2009.

El amor es la esencia de estos siete temas en clave solista, pero con acompañamiento amigo: los teclados son de Claudio Cardone, los bajos de Nerina Nicotra y la batería de Sergio Verdinelli. Hay aportes adicionales y significativos de Mono Fontana, Alejandro Franov y otros dos Spinetta: Dante y Valentino, que rapean (“esto es amor / si no lo sabés”) en Merecer y, de alguna manera, cierran un círculo iniciado allá lejos y hace tiempo con Pechugo en El mono tremendo.

El Flaco, que no se había ido, regresa para recordarnos que “el tiempo nunca juega en contra”. Por momentos suena en la línea de Jade, por otros se cuelan algunos recuerdos de Pelusón of Milk y, los más, se muestra en sintonía con algunos de sus últimos discos, como Para los árboles

El dibujo de tapa es una obra digital de Spinetta y, aunque breve, la obra se nos presenta como una película que empieza y llega a su epílogo en el momento justo. Una, justo es decirlo, que querremos ver, escuchar, imaginar y resignificar cientos de veces.

Sin tiempo ni lugar

El álbum abre con Veinte ciudades, un tema directo y sin intro en el que vuelve sobre una de sus obsesiones poético-estéticas (los ojos, la mirada): “Con tus propios ojos ves lo que se perdió”, canta en lo que podría ser el track más “hitero” del disco. La banda que lo acompañó durante los últimos años de su vida está presente en las cinco primeras canciones, todas grabadas entre 2008 y 2009.

Ya no mires atrás y Agua de río transitan el mismo camino melódico que su predecesora. Como si se tratara de una suite en tres actos o como si fueran tres formas de acercarse a una canción definitiva, con “contenido explícito” de brutal virtuosismo por parte de Cardone. Para Nueva luna, mundo Arjo, Fontana vuelve con su “usina de sonidos” y Spinetta retoma aquella canción para combatir tanta desdicha, que compusiera en tiempos de Jade y que, a pesar de tocar en vivo en varias oportunidades, aún se mantenía inédita. “Esta canción es la Argentina para mí. 

La letra dice: Tengo miedo de que el sol nos caiga. El sol, que se venga abajo y nos ocupe todo el lugar. Este es nuestro jardín y debemos defenderlo. Es lo único que sé”, dijo para presentarla durante su show en el Salón Blanco de la Casa Rosada, en 2005. Una canción de amor para un planeta a punto de estallar. Y también una caricia para fans justo antes de funkearla toda junto a sus hijos Dante y Valentino en Merecer.

Las últimas dos canciones fueron rescatadas de otra sesión para completar esta obra, escritas especialmente por Spinetta para su coach vocal Grace Cosceri y con la dirección musical de Alejandro Franov. Luces y sombras y la hermosa Diadema se corren del sonido planteado previamente, pero logran un cierre a la altura de las expectativas.