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HOMERO CARVALHO OLIVA

En Latinoamérica en general y en Bolivia en particular esperamos que las cosas nos vengan de afuera para darles su verdadera dimensión o valor. Así sucedió con el ‘boom’ literario, nuestros escritores tuvieron que ser descubiertos en Europa para que los reconozcamos en nuestros propios países. Los mismo pasó con el famoso Coronavirus, tuvo que llegarnos de Europa para que nos descubramos en la miseria inmunda de la mezquindad humana.

Una mujer trabajadora llegada de Italia tuvo que peregrinar por toda la ciudad de Santa Cruz de la Sierra para revelarnos que nuestro sistema de salud es una porquería. Ya lo sabíamos, pero nunca lo habíamos reconocido como una infamia, ni siquiera con el dengue que hasta la fecha ha matado a más personas que el virus chino; sabíamos que no existen las condiciones básicas para enfrentar una epidemia local, mucho menos nacional y ni qué decir universal. 

De nada sirven ahora los catorce años de Evo Morales y sus discursos demagógicos de la salud boliviana, de nada sirven las miles de canchas con pasto sintético, los palacios en el desierto de Orinoca o en la zona inundada de Tiquipaya, de nada sirven los miles de millones de dólares gastados en publicidad con la cara de Morales hasta en el papel higiénico que nunca produjo la falsa fábrica Papelbol, de nada sirve los textos de cientos de intelectuales de izquierda justificando un golpe de Estado que los bolivianos sabemos que nunca pasó porque si de algo sabemos es de golpes de Estado (hemos sufrido decenas de ellos en más de medio siglo de vida), de nada sirven los supuestos 25.000 libros dizque leídos de Álvaro García que olvidó llevárselos al exilio dorado (debería donarlos a alguna biblioteca, pero que su avaricia no se lo permitirá), de nada sirve que los “valientes del MAS” hayan decidido sacrificarse en la Embajada de México antes que dar la cara cínicamente como lo hacían antes de la renuncia de su “jefazo” (bien machitos parecían), de nada sirve que escriba este texto cargado de ira contra un país que olvidó que lo más importante es la salud de sus habitantes, de nada sirve mi poesía y mi solidaridad cuando a una mujer se le niega el ingreso a un centro de atención médica y todavía lo justificamos, de nada sirve mi fe cristiana cuando el virus de la desidia, de la indiferencia y de la mezquindad empieza a anidar en nuestros cuerpos desde que nacemos, porque la sociedad se encarga de inocularlo con el mal ejemplo de cada día.

Ahora, el virus chino nos hará olvidarnos de los feminicidios, de las violaciones, de los corruptos, de los políticos que solamente velan por sus intereses ante el cadáver de una sociedad putrefacta de desamor y odio hacia sí misma. 

Todos estamos hablando de cuántos infectados hay con el Covid-19, de cuántos ya murieron, de cuántos morirán en los próximos días, ¿de verdad nos interesan esos datos cuando no tenemos camas para los recién nacidos? ¿Cuándo cientos de niños y niñas mueren por cáncer? ¿Cuántas mujeres fueron asesinadas esta semana? ¿alguien sabe cuántas niñas y niños fueron violados hoy? ¿te importa más un virus porque fue anunciado por una novela hace varias décadas atrás que los muertos por desnutrición? ¿De veras te importa cuántos muertos hay en Italia, cuando nunca te importaron cuántos niños mueren en Irak por las bombas de los países de la OTAN? ¿La bolsa de New York y las acciones de las empresas chinas serán más importantes que la producción de arroz de nuestros campesinos? ¿Guerra comercial entre Estados Unidos y China? ¿Control de la población?

El Covid-19 nos hizo olvidar que nada, ni siquiera la más grande las ideologías justifica la muerte violenta del más humilde los seres humanos, como alguna vez lo escribió el gran Sergio Almaraz Paz. El Covid-19 nos hizo olvidar que nuestro sistema de justicia es corrupto, que la estructura dejada por el MAS sigue intacta y mientras tanto nuestros candidatos se pelean por quién lo hizo escapar a Evo Morales. 

¿De verdad creen que eso fue un logro de un solo hombre y su Biblia? ¿Dónde estuviste tú? ¿Acaso no estuviste en las calles arriesgando tu vida? Deja de regalarle tu mérito a otros, los 21 días fueron tuyos y de nadie más, son tu mérito. Deja de rogarle a Dios que te proteja y pídele que te de la fuerza necesaria para protegerte tú mismo, exigiendo a los políticos lo que nos deben: 

Un país nuestro, un país con futuro, una nación pluricultural de verdad verdadera, sin ciudadanos de primera y segunda clase, con bolivianos orgullosos de su patria, de sus paisajes, de nuestra gente, de nuestras instituciones, de nuestro folclore. Ya sé que soy un nacionalista y me importa un pepino que me lo echen en cara, porque me cansé de mirar las rosas y margaritas del jardín de al lado, olvidando que en el nuestro tenemos patujús y jarajorechis. Veamos lo que realmente tenemos y no entremos en pánico, es lo peor que podemos hacer, analicemos nuestra realidad sin exagerar el drama ni vanagloriarse de cosas que no tenemos. 

Recordemos que este es un gobierno de transición y no quiero justificarlo, simplemente quiero recordarles que lo que no se hizo por la salud en 14 años de despilfarro en discursos chauvinistas y folclóricos, con fondos económicos astronómicos que nunca antes se habían tenido, ni siquiera soñado, en toda nuestra vida republicana, no se harán en un par de semanas.

Preparémonos de manera consciente. No le restemos importancia al virus maldito, pero tampoco lo exageremos, enfrentémoslo con lo que tenemos y con la ayuda internacional. Investiguemos la realidad y veremos que el Covid-19 está siendo usado para el cierre de fronteras en los países europeos, es solamente un pretexto para que no entren más migrantes, ese es el verdadero motivo. ¿Eso queremos nosotros? En Chile el virus es el mejor pretexto para liquidar las manifestaciones que vienen desde el año pasado. 

El verdadero virus que anda suelto en nuestro país es el odio y la intolerancia que fueron incentivados en la última década. Que el Covid-19 no sea un pretexto para olvidar lo importante: salvar al país de una posible guerra civil que aún está latente. No crean que por estar en un estado de excepción los políticos dejarán de ser lo que son.