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Desorden, caos y un control que a ratos no es efectivo, así se pueden definir las primeras horas del Estado de Emergencia Sanitaria -dictado por el Gobierno nacional como parte del plan de contención del coronavirus- en los mercados y centros de abastecimiento de las zonas este y sur de la capital cruceña.

EL DEBER visitó cinco puntos de comercio en el que se evidenció un buen número de comerciantes informales y personas que infringen la cuarentena y la restricción de circulación por la numeración de cédula de identidad. (Hoy salen los que terminan en 7 y 8)

En el Plan 3.000, en el mercado de La Campana y pese la presencia policial, parece un día normal y cualquiera. Los vehículos circulan libremente y los comerciantes se apostaron en las aceras y calles. La gente se agolpó también para comprar productos.

Allí se hacía el control y se les pedía la cédula a los transeúntes, pero el número de efectivos no era el suficiente para ejercer un control efectivo.

En Los Pocitos la situación era similar. "Parece un mercado persa", se animó a decir una persona que llegó a comprar productos para abastecerse.

En el mercado San Jorge (octavo anillo) no se vio a uniformados ni a gendarmes. La gente circulaba libremente sin ninguna restricción. Algunos incluso eran conscientes de que la prohibición de salir de sus casas en un 'día en el que no les toca', pero igual lo hacían de manera irresponsable.

En el distrito 7, zona de la Villa Primero de Mayo, el mercado Miraflores lucía repleto de compradores y vendedores ambulantes y hasta la mitad de la mañana, no se observó más que a una sola patrulla policial que avisaba por micrófono que debían alzar los productos desde las 11:00 para que hasta mediodía se cierren los comercios.

En donde sí se observó presencia policial y de la Gendarmería en un número considerable, fue en el mercado Nuevo del Plan 3.000. Allí se realizaba un control mucho más efectivo que en los otros centros.