Opinión

Meditar y cambiar

Fernando Rodríguez M Hace 3/31/2020 7:00:00 AM

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Estamos atravesando momentos de tremenda turbulencia que ponen en riesgo la vida misma de las personas y estamos obligados a seguir pautas impuestas por la autoridad que si no las impusieran se disparan las posibilidades de situaciones que cobra vidas humanas.

No interesa para las personas que otras civilizaciones en otras épocas hayan tenido que sufrir epidemias, porque la actual pandemia nos toca aquí, ahora y a nosotros, y las consecuencias directas e indirectas las vamos a tener que soportar todos.

Ya hay cambios profundos en la conducta de las personas, no porque estas así lo hubieran decidido, sino por fuerza de las circunstancias que la cuarentena desviste actitudes, mañas y conductas que racionalmente no las creíamos parte de nosotros, pero que forman toda la manera que el tipo de vida que teníamos y que era fácil disfrazar en un entorno donde todos actuaban de la misma manera. 

Los primeros cambios que tuvimos que enfrentar, fue el aislamiento forzado y el distanciamiento social, no poder movernos libremente como quisiéramos y limitar el contacto. Se han impuesto reglas tremendamente cerradas que obligan a no moverse de tu casa, al igual que para toda la familia. Ocasionó el primer cambio notorio que fue forzarte a convivir con tu esposa, hijos y otros familiares, que nunca han estado tan juntos y tan directamente forzados a comunicarse unos con otros; a respetar conductas que no sabías que tenías y que los otros tenían, al no haber otras personas que ayuden a disimular o a enmascarar actitudes que uno adquiere en el devenir del tiempo, te obligaron a mostrarte como eres y a conocer a tu entorno como habían sido. 

Este cambio genera dentro de tu persona transformaciones que te obligan a cambiar en tu vida futura y esa es una actitud que debe ser consciente, que debe conversarse y de esa manera se enriquecerá la vida futura con tu entorno familiar.

Otro cambio que se presenta en las personas cuando su libertad de moverse se restringe en extremo, son los momentos de estar solo, los momentos en los que únicamente está uno y su mente. La salida más fácil y superficial es acudir a los medios virtuales y creer que se comunica con otras personas, cuando solamente está conectado, pero no existe comunicación, son medios (WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter, TikTok y otros) en los que se diluye y se disfraza tu soledad.

Las personas tienen, desde siempre, un sencillo método para afrontar los momentos de soledad y aprovechar los mismos, que es la meditación. No me refiero a la meditación religiosa o metafísica, me refiero a la meditación personal, en la que uno se encierra en sus pensamientos y analiza, se critica, se apoya; sobre todo visualiza los cambios que personalmente debe realizar para mejorar su vida y la de su familia e influir en que estos también mediten y decidan hacer cambios, para luego poder vaciar la mente de esa vorágine de pensamientos que se avalanchan en nuestra cabeza para llegar al silencio mental que nos dará paz interior (tan necesaria éstos días).

 No es sencillo meditar, se necesita principalmente fuerza de voluntad, ganas de hacerlo y práctica. Es un entrenamiento mental y emocional, pero sus resultados serán positivos y recompensan la vida que se debe afrontar en adelante. 

Ojalá todos pudiéramos meditar, sentiríamos cambios notorios y profundos en la vida, en la sociedad, en el futuro y principalmente, en la paz que cada individuo consigue al hacerlo.