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Nunca había sufrido ninguna lesión grave, y lo más que padeció fue un desgarro, que lo tuvo 15 días fuera de las canchas, como máximo. Hace seis meses, al defensor de Oriente Petrolero, Mario Cuéllar, se le trabó el pie al ir a la marca, y de ahí vino lo peor en su pierna izquierda: fractura de peroné y rotura del ligamento del tobillo.

Los primeros 60 días de recuperación lo marcaron y por ello afirma que “fue un choque fortísimo para mi vida”. Agrega que “tras la lesión, durante dos meses no podía ni ir al baño solo, era como un niño. Después comencé a ser más independiente”, recuerda el marcador central Cuéllar, de 30 años, que con el equipo verdolaga tiene contrato hasta fin de año.

En ese tiempo difícil se apoyó en su familia. Su esposa, Karen Zambrana dejó su trabajo para cuidarlo y ayudarle a realizar algunas necesidades básicas. Su pequeña hija, Renata, de 3 años, también era su motivación para volver. “La verdad que ellas fueron un gran respaldo. Mi familia fue mi apoyo en ese momento”, afirma el defensor, que ya realizó un par de prácticas de fútbol en Oriente, y lo que le falta es fortalecer un poco más la parte afectada y agarrar ritmo de competencia.

“Calculo en que en un mes estaré de vuelta para jugar partidos oficiales, que es lo que más quiero. En este tipo de lesiones no hay que apurarse, y hay que ser cautos”, explica Cuéllar, que también ha jugado en San José, Sport Boys y Blooming. “Esta cuarentena por el Covid-19 me vino como anillo al dedo, para tener un poco más de tiempo de fortalecimiento y si se puede terminar jugando este torneo Apertura”, concluye.