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En un artículo que analizaba la acción del productor cinematográfico Weinstein y sus irreproducibles actos de acoso con la correspondiente compensación sexual a cambio de un papel en una cinta cinematográfica, se alertaba sobre estas actitudes perversas y de inseguridad masculina que permanecían, en el anonimato. Hoy se ha destrabado el temor e irrumpió, afortunadamente, el ansia de comunicar sin eufemismos todo tipo de acosos contra las mujeres, que eran como una represión contenida, mezcla de impotencia y temor.

Esta euforia sensata y libertadora ha iniciado, a escala universal, una investigación confiable sobre el sexismo y de los círculos humanos donde se generan estos ilícitos y se ha dejado el temor, el recato y el sigilo en el trasto y estas víctimas comienzan a hablar sobre sus propias experiencias de acoso sexual en sus diversas tipologías. Entonces, las mujeres, hoy, narran abierta y voluntariamente sus vivencias con la aspiración teleológica de servir a otras mujeres; hecho fehaciente que consolidó la tesitura esperada de que las mujeres sean por fin escuchadas con detenimiento, reverencia y hasta temor, desestructurando el acostumbrado, endémico e ilegítimo ejercicio de poder de los hombres.

Se debe considerar que las leyes recién promulgadas en varios países por presión de las propias mujeres y sobre todo de la juventud, para la punición y reeducación de los infractores a la intimidad de las mujeres, ayudan; empero, no acaban en la corrección definitiva del ilícito como un aditamento cultural a la sociedad, que sería admirable.

Como anécdota, en mis tiempos de estudiante (1970), en el Parlamento Alemán, cuando una diputada denunció que el acoso se campeaba en el mismo Legislativo, fue ridiculizada y el conglomerado machista se burló abiertamente de esa valiente aseveración, considerando tiempo y espacio en que sucedió. No hace menos de un año atrás, en el Parlamento Europeo se suscitó un grave incidente de discriminación y subestimación de las capacidades intelectuales de la mujer; aberración machista propugnada por un eurodiputado que fue ardientemente impugnada por su colega eurodiputada española.

El acoso sexual se sigue reproduciendo principalmente en el trabajo, sin distinción de instituciones y órdenes del mismo y, aún, persiste el temor de denunciarlos y encararlo por posibles represalias y hasta la pérdida del trabajo. Los hombres saben exactamente cuando emprenden un acoso qué se suscita inmediatamente y también saben lo contrario. 

Este irrefrenable movimiento de expresión y denuncia inmediata de las mujeres ante el acoso sexual, testimonia una realidad incontrovertible que se patentiza en la actual inseguridad masculina por este creciente y vigoroso movimiento generalizado en el mundo, que ha irrumpido y, quizás sea esa inseguridad, no la convicción, que ayude a la disminución del acoso sexual, hasta su eliminación.