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Al menos 25 soldados malienses murieron este lunes en la región de Gao, en el norte de este país en guerra, en un ataque atribuido a los yihadistas en medio de un agravamiento de la violencia, informó el Gobierno.

Una decena de atacantes también han sido "neutralizados" en lo que el gobierno calificó en un comunicado de ataque "terrorista", un término que suele usar para los yihadistas. No especifica a qué se refiere por neutralizados.

El Gobierno también dice haber "neutralizado" a varios "terroristas" y recuperado una cantidad considerable de material durante una operación el domingo en la región de Mopti (centro).

El ataque, perpetrado contra un puesto militar de Bamba, se suma a otros, de los que se acusa a los yihadistas, contra el ejército maliense en los últimos meses, que han dejado cientos de militares muertos.

"Hemos visto 23 cuerpos en el lugar por ahora. Hay hombres dados como desaparecidos, se llevaron equipo y el campamento fue destruido", dijo un funcionario, bajo anonimato, según el cual ningún civil fue asesinado.

Hombres armados merodeaban desde el domingo por la zona en motocicletas y vehículos, y el lunes atacaron el puesto de control.

Un habitante oculto en su casa reportó un intenso tiroteo. "Los lugareños están encerrados en sus casas. Hay mucho movimiento de hombres armados no identificados. La gente tiene miedo porque el ejército no ha venido", dijo a la AFP un maestro.

Acción militar y política

Desde hace meses, el ejército maliense está sometido a ataques mortíferos contra puestos aislados, en un vasto país presa de la violencia de grupos vinculados a Al Qaeda y a la organización Estado Islámico, del conflicto entre comunidades y las insurrecciones independentistas.

Miles han muerto y cientos de miles han sido desplazados desde el comienzo en 2012 de la profunda crisis, a pesar de la presencia de fuerzas de la ONU, africanas y francesas.

Desde el norte de Malí, la violencia se expandió al centro del país y a los vecinos de Burkina Faso y Níger.

El Estado perdió el control de gran parte del territorio e intenta, con el apoyo de sus aliados, llevar el combate militar y la acción política, necesaria para hallar una salida a la crisis.

Recientemente se celebró la primera ronda de las elecciones legislativas pese a la inseguridad, el secuestro, unos días antes, del líder de la oposición -atribuido a yihadistas vinculados a Al Qaeda- y a la reciente aparición del nuevo coronavirus en el país.

Ante el deterioro de la situación, que según él amenaza la existencia misma del Estado, el presidente de Malí, Ibrahim Boubacar Keita, decidió romper con la política que hasta entonces se aplicaba oficialmente frente a los yihadistas, y reconoció en febrero buscar un diálogo con algunos de ellos.