Opinión

Los ciegos viven sin ver

Hace 4/9/2020 7:00:00 AM

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Carlos Fernando Toranzos Soria 

“Ayer vi a un hombre mirando, mirando el sol que salía, el hombre estaba muy serio porque el hombre no veía” El título es de la canción y parte de la letra es de Viglietti. Para mí, esta frase ha sido siempre muy decidora, muy clara y muy elocuente. El ciego no ve y hay ciegos que no quieren ver.

Me permito contar una pequeña historia que me pasó en Cochabamba y que no me dejó dormir por mucho tiempo. En la gran avenida Simón López, a las 7 y algo de la tarde, cuando el sol ya había dicho buenas noches y las luces de alguno de los faroles de la calle daban muestras de funcionar, otros estaban rotos y sin vida desde hacía tiempo.

Para evitar los excesos de velocidad, las autoridades de tránsito, pusieron durmientes o rompe muelles a distancias mas o menos arbitrarias, lo que hacía que los coches disminuyeran la velocidad para luego acelerar al máximo hasta llegar al otro, así sucesivamente. Ese ocaso traería mi preocupación y mi impotencia. Como soy de los que airea sus dolores, comenté con los encargados de la municipalidad de Cochabamba de entonces, hace 5 años atrás.

Caminaba por la semioscuridad de la Simón López cuando como un bólido un coche llega al montículo y se percata de que sus muelles correrían la suerte de la destrucción, frena girando el coche a la derecha, justo en ese momento un ciclista que pasaba tiene que virar para evitar ser atropellado. Al hacer esto, su rueda patina en la arenilla acumulada y va a parar al suelo de cara.

Corro a ayudar al ciclista mientras el coche, que esta ahora detenido y se percata de que causó el accidente del pobre ciclista, yo que vi todo me acerco al ciclista, veo la cara llena de arenilla y sangrando, el pobre hombre tenía la nariz llena de sangre y la boca con un diente colgando. Era una visión aterradora, sangre por todos lados… Mi pañuelo no era suficiente para parar la hemorragia. Digo al conductor del coche que por favor lleve al herido hombre al hospital. Su rechazo fue rotundo porque la sangre iba a manchar los asientos. Digo que eso se limpia y que ese hombre estaba malherido a consecuencia de su exceso de velocidad, y que era su responsabilidad social hacerlo. Su respuesta es que el ciclista tenía la culpa, y que él no tenía tiempo. Demando que llame por teléfono a una ambulancia y otra vez el rechazo. A todo esto, un taxi para, le digo que por favor lleve al hombre al hospital. Me demanda el pago de la carrera y de la posible limpieza de su auto. Pago y metemos al hombre, ahora con la cara como un mundo de hinchada. Le calmo y le digo que se lo llevan al hospital, el hombre dice que no, que le van a robar su bici. Otra negociación con el taxista y la bici va a la maletera y el pago aumenta.

El nombre del ciclista era Humberto Siñani, fui a verlo al hospital y ya no lo encontré, se fue dejando solo el rastro de su nombre y nada más.

Al contar esta historia me ardía más el alma. ¿Y las ambulancias? En el Viedma, me dijeron que tenían una, pero que no siempre estaba funcionando, pero que se podía llevar al paciente a cualquier clínica ya que siempre atenderían casos de emergencia. Ellos, claro, tienen ambulancias.

El caso es que aquel ocaso no solo me dejó el alma rota y al pobre Humberto los dientes y quizá la nariz.

Como ha pasado tanto tiempo desde mi historia, seguro que ahora tenemos una flota de ambulancias listas para asistir a los necesitados y esta es la razón por la que la Prefectura está comprando coches y en su plan está el helicóptero, seguro que es porque este asunto ya está zanjado y ahora pueden gastar la plata en otras cosas incluido el helicóptero, que me imagino estará listo para socorrer a los accidentados.

¿Pero a qué viene eso de que los ciegos no quieren ver?