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El presidente iraquí Barham Saleh, anunció hoy que encargó al jefe de inteligencia, Mustafá Al Kazimi, que forme un gobierno, después de la renuncia al cargo del exgobernador de Nayaf, Adnan Zorfi.

Kazimi, de 53 años, a diferencia de Zorfi, cuenta con el apoyo de casi todos los partidos políticos. Fue visto durante mucho tiempo como el hombre de Estados Unidos en el país, hasta que se acercó al enemigo jurado de Washington, Irán.

Zorfi, quien ni siquiera llegó a presentar una lista de ministros, había sido designado el 17 de marzo.

Apenas pudo reunir una rueda de prensa para detallar su programa para enfrentar la crisis ante la caída del precio del petróleo a la mitad debido a la pandemia de coronavirus, que dejó en Irak 1.200 contagios.

El anterior primer ministro Adel Abdel Mahdi había anunciado su dimisión en diciembre, en plena revuelta popular iniciada en octubre, que sumió al país en una grave crisis política y social. 

El movimiento de protesta ha quedado luego entre paréntesis debido a la pandemia de COVID-19.

Según una fuente cercana al hezbolá libanés, un primer ministro cuyas relaciones con Washington son notoriamente buenas es valioso en tiempos de crisis económica -el precio del petróleo, que representa más del 90% de los ingresos del estado, está en caída libre-, social -la revuelta de octubre sigue manteniendo viva la ira de la calle- y sanitaria -al menos 69 muertos por COVID-19 hasta la fecha).

Kazimi, asegura a la AFP la misma fuente, podría garantizar a su país "una renovación de las exenciones de las sanciones contra Teherán", que ahora concede la administración de Donald Trump con cuentagotas, mientras que Bagdad es muy dependiente del país vecino.

Además de ser escuchado por Washington, Kazimi tiene en sus manos otras dos ventajas: Teherán y Riad, cuyo príncipe heredero, Mohamed Bin Salman, es un amigo personal.

Kazimi tiene ahora 30 días para presentar un gabinete al parlamento.

"Todo eso está resuelto. Dentro de tres semanas, habrá una lista de ministros y un programa", asegura categóricamente una fuente próxima a las negociaciones.

Pero los escépticos dudan. Kazimi podría resultar arrastrado por el debate sobre la partida de los estadounidenses de Irak, la pandemia de la COVID-19 -que amenaza con hacer caer un sistema de salud poco estable- o la evaporación de las reservas en dólares del país.