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Si la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (Uagrm) seleccionara a los bachilleres más capaces, a los más perspicaces, con habilidades vocacionales dirigidas a las profesiones de su preferencia, sus productos tendrían mejor calidad. 

Esto no ocurre por la tozudez de la Uagrm en aferrarse a estas dos tesis: al memorismo y a sus inadecuados instrumentos de evaluación. El memorismo es una vieja corriente pedagógica que concede más importancia a la memoria mecánica que al desarrollo de la inteligencia.

Es una lacra que ha intoxicado el sistema educativo nacional. En vez de estimular la memoria lógica, la reflexiva, para un buen aprendizaje significativo, el memorismo sustituye la realidad por vocablos que están en libros o en las lecciones de los profesores tradicionales, convirtiendo al alumno en un simple repetidor de palabras y fórmulas, tal como hace una mediocre profesora de química que obliga a sus alumnos a recitar de forma autómata la tabla de valencias, en una clara degeneración didáctica.

Para evaluar, la Uagrm elabora un banco de preguntas, verdadero museo de conocimiento anquilosado. Los postulantes investigan las respuestas y las memorizan. El instrumento de evaluación es una prueba objetiva con opción múltiple. Cada ítem tiene dos partes: un reactivo (P) (pregunta o enunciado) y cinco ‘distractores’ o respuestas (R). El reactivo no puede inducir a la respuesta ni ser ambiguo. Los distractores serán parecidos entre sí y el estudiante señalará inequívocamente el correcto. 

Un instrumento mal elaborado pierde validez y confiabilidad, anulando la evaluación, como en estos ejemplos del último banco de preguntas: (P) el campo de estudio de la sicología para mejorar la producción en el trabajo es: (R) sicología del trabajo. (P) El campo de estudio de la sicología que investiga las causas biológicas del comportamiento es: (R) sicobiología. (P) Los juicios que sitúan un objeto en el tiempo son: (R) Temporales. (Sic).

Si bien estos ejemplos no invalidan todo el banco de preguntas, son un claro síntoma de la existencia de errores que perjudican a la evaluación.
El quid de la cuestión no está en el conocimiento paralizado, sino en aplicar ese conocimiento, valorarlo y generar cambios socialmente útiles.
Urge proyectar un nuevo modelo de admisión, donde se evalúen las formas de aprendizaje, las inteligencias múltiples, intereses y otros detalles inherentes al tema.