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Los años 90 fueron la época dorada de los deportivos japoneses. Por ello, el portal autofacil.es elaboró una lista con los cinco mejores. 

Honda NSX

Los expertos señalan a la primera generación del Honda NSX como el automóvil japonés más célebre de los años 90 y en uno de los mejores deportivos de la historia. Apoyado en una relación peso potencia inferior a los 5,2 kilos/CV fue capaz de poner contra las cuerdas a superdeportivos como el Porsche 911 de la época y el Ferrari 348.


Para ello, sus armas fueron un chasis de aluminio de tan solo 208 kilos de peso –se diseñó con la ayuda de un superodenador- tremendamente rígido, junto a un propulsor atmosférico de gasolina 3.0 V6, situado en posición central.

Pese a que sus 270 CV pueden parecer pocos, la distribución variable VTEC le permitía ofrecer un gran rendimiento a altas revoluciones, acelerar de 0 a 100 km/h en menos de 6,0 segundos y alcanzar 270 km/h. ¿Una curiosidad? El piloto de F1 Ayton Senna colaboró en su puesta a punto.

Mazda RX-7

Propulsado por un motor Wankel rotativo biturbo, la tercera generación del RX-7 fue uno de los coupé japoneses más carismáticos de los 90.


Su motor, capaz de revolucionarse casi hasta el infinito, contaba con dos rotores de 654 cc -en total cubicaba 1,3 litros-, sobrealimentado con dos turbocompresores Hitachi de funcionamiento secuencial: el primer turbo actuaba a partir de las 2.000 rpm y los gases de escape alimentaban de forma directa el segundo, de idéntico tamaño para, de esta forma, reducir el temido lag –retraso en la respuesta–.

Aunque por fuera se sigue percibiendo 'actual' el interior acusa el paso del tiempo, tanto por diseño como por calidad de materiales. Eso sí, los asientos sujetaban bien y la instrumentación era clara y muy completa.

Mitsubishi 3000 GT

El Mitsubishi 3000GT fue un superauto aparecido en 1990, impulsado por un poderoso motor 3.0 V6 biturbo de gasolina, que desarrollaba 300 CV… que se convertirían en 320 a partir del año 1994.


Sin embargo, lo realmente interesante es que contaba con elenco de elementos tecnológicos que se salían de lo habitual -era mucho más avanzado que el Ferrari 348 de la época- para ofrecer un comportamiento brillante.

Un buen ejemplo de ello era el sistema de aerodinámica activa Active Aero, que combinaba el splitter frontal con un alerón trasero móvil capaz de modificar su posición para incrementar el apoyo aerodinámico.

Nissan 300ZX

En los años 90 el Nissan 300ZX destacaba por ofrecer un diseño muy afilado y con mucha personalidad –el Cx era de 0,32 y la trasera se inspiraba en los deportivos americano, un poderoso motor y un comportamiento al alcance de todos los conductores.


Desde el punto de vista técnico, este Nissan incorporaba soluciones como unas suspensiones multibrazo en ambos ejes o el sistema de dirección trasera Super HICAS que, a diferencia de los sistemas actuales, no servía para mejorar la maniobrabilidad, sino que se utilizaba para mejorar el comportamiento a alta velocidad, girando las ruedas traseras en el mismo sentido que las delanteras.

El interior tenía un puesto de conducción envolvente, en el que los principales mandos se aglutinaban alrededor del volante para poder accionarlos con facilidad.

Bajo el capó equipaba un propulsor de 2.960 cm³, con cuatro válvulas por cilindro, y sobrealimentado con dos turbocompresores Garret T25, que le permitían pasar de 0 a 100 km/h en menos de 6,0 segundos y alcanzar 250 km/h.

Toyota Supra

Sin duda, aunque el Toyota Supra es un auto con mucha historia -su última generación acaba de aparecer-, la cuarta generación de este deportivo japonés, aparecida 1993 es la más recordada de todas, en parte, por ser el deportivo que protagonizó la primera película de la saga Fast&Furious.


Bajo el capó equipaba uno de los mejores motores de los años 90: la mecánica 2JZ-GT, de 2.997 cc, con seis cilindros en línea y dos turbocompresores Hitachi de funcionamiento secuencial: uno que giraba a bajas rpm y otro que funcionaba a partir de 4.000 rpm.

En lo que al interior respecta, el Toyota Supra también fue uno de los artífices del puesto de conducción envolvente, en el que el túnel de transmisión rodeaba al conductor.