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Un valle escondido entre las montañas rocosas y bosques, así fue la cuna de monseñor Tito Solari, en Pesariis, un pueblo rural al norte de Italia, frontera con Austria.

Sin embargo, el horror de la Segunda Guerra Mundial se apoderó de sus calles y de su gente. En su infancia, junto con su padre, Alfeo, fue testigo de cómo las tropas alemanas mataron a los padres de sus pequeños amigos la noche de Navidad.

“Fue una época en que los civiles se encontraron, sin saber, en el cruel fuego cruzado de la guerra. Las opciones eran pocas y todas ellas, dolorosas: si se los consideraba colaboradores de las tropas alemanas, eran eliminados por los partisanos; si eran catalogados como protectores de los partisanos, los alemanes los fusilaban”, relata en el libro.

Solari sintió hambre muchas veces porque cada vez era más difícil conseguir alimentos. También fue testigo de cómo el sacerdote del pueblo, Aldo Soravito, elevó sus plegarias junto con los pobladores para evitar la matanza de 33 hombres, entre ellos el padre de Solari.

Hoy, monseñor vive en Cochabamba, se retiró en septiembre de 2014. “No tiene la salud de una persona joven, sino de una persona de la tercera edad con sus 76 años. Él se cuida sobre todo en lo que come, casi siempre su dieta es blanca y con poca sal”, relata el autor del libro, padre Ariel Beramendi.