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Cae la noche y el silencio que reina en el barrio solo se ve interrumpido por ladridos que se escuchan a lo lejos. Otros similares se repiten cerca y a distancias más cortas, a veces combinados con aullidos. Esa forma de comunicación esencial en los perros viene a recordarnos, en tiempos de cuarentena, que, en la soledad de las calles y en la calma de los hogares, ellos están presentes.

La pandemia del coronavirus ha cambiado el modo de vida de la gente, como también de las mascotas. Perros y gatos son conscientes de que algo diferente está ocurriendo en los dos últimos meses en su rutina. Esas personas, que los acompañaban pocas horas al día, hoy están prácticamente 24/7 con ellos. Y esa situación, más allá de representar una satisfacción para los pequeños animales que aman la compañía de sus dueños, ha planteado un desafío especial para la gente que cuida de ellos, que le dedican tiempo y gastan dinero y energía en hacer todo lo posible para que también se sientan a gusto en esta época de crisis.

Estas son historias de mascotas, cuyas familias hoy agradecen el poder enfrentar cada nueva jornada de confinamiento con la alegría de tenerlos a su lado.

Días mejores

Linda era la querida del hogar de Patricia Carrasco. Hoy su recuerdo vive en Mila, una perrita que cada día retribuye con mimos y lengüetazos de amor el cariño que recibía su madre.

Una complicación en su salud, que comenzó a mediados del año pasado con problemas de la piel y malestar estomacal, tuvo a mal traer a la familia, sobre todo durante los 21 días de paro cívico de octubre y noviembre. Este 2020 la encontró recuperada y todo parecía que iba andar bien, pero las cosas se fueron complicando justo en plena cuarentena.

“No se acostumbró a comer alimento balanceado. Fue un via crucis tener que cruzar la ciudad en busca de veterinario una de esas noches, buscando un laboratorio donde le hicieran los análisis”, explica Patricia.

Finalmente, Linda falleció. “Lloramos mucho. Después de todo lo que pasó, fue muy triste que se fuera así. Ahora nos queda la hija, una negra hermosa que es la adulada”, dice la mujer acerca de Mila, que hoy vive más protegida y querida que nunca.

Complicidad

Rodolfo Gómez se dio cuenta que vivir solo en la cuarentena no era tan fácil como parecía. Así que el 27 de marzo decidió adoptar a Mishka, una gata de tres meses, que es su compañía completa. Luego de recogerla de donde una amiga, la llevó a su departamento. Al llegar, lo primero que hizo fue bañarla con agua tibia y champú. Le costó adaptarse, maullaba todas las noches, pero hoy es una especie de dueña de la casa.

“Es increíble cómo te adaptas a ellos, aunque desestructuren tus planes. Es una responsabilidad y un ser viviente que necesita atenciones y cuidados. Con un gusto aprendes a ser paciente, a que todo tiene su tiempo y lugar. Un gato te permite cuidarlo, es como si te evaluara y te aceptase o no, sus cariños y entrega son espontáneos y cortos, es como si jugasen con vos, pero así son”, asegura Rodolfo.

“Creo que ambos somos afortunados de tenernos, ya nos hemos acostumbrado tanto el uno al otro que, incluso, tenemos nuestras rutinas de desayuno, siesta, juegos y cariños. Creo que mi cuarentena sería muy distinta sin ella, realmente se ha convertido en mi compañía y distracción. Sus ocurrencias, sus maullidos y su locura, me están haciendo no perder la cordura”, agrega.

Familia numerosa

Martina, Matías y Tremendo, Malik, Desiré y Ratoncita. Los tres primeros son perros, los tres últimos gatos. La tropa, junto con Negrita, una perra de la calle que los visita todos los días, completa la felicidad del hogar de Raquel Laguna.

“Son una compañía formidable, jamás te sientes solo cuando estás con tu mascota, son tan leales y fieles que no tienes tiempo para la soledad. Y ellos, creo, que no salen de la sorpresa y felicidad de tenernos en la casa prácticamente todos los días”, expresa Raquel, que de lunes a sábado les da de comer alimento balanceado y los domingos pechuga a la parrilla.

Adaptándose

Maritza tiene a Chato y Chata, dos cachorros de raza pug, el macho de un año y la hembra de siete meses. Junto con sus mascotas, vive en una casa de condominio abierto, con patio trasero, lo cual ha representado una fortuna para ella, pues es el lugar donde disfrutan pasar las horas de la cuarentena, jugando, comiendo croquetas y recibiendo refrescantes baños. El cambio le había afectado, porque antes salían dos o tres veces al día a jugar a la calle. Chata sufrió estrés por encierro y a Chato le vino una dermatitis.

“Ahora están bonitos, sanos, felices y bien alimentados. Son mi felicidad”, dice Maritza.

Garras felinas

Marcelo Peña siempre se consideró una persona de perros. A fines del año pasado decidió, con su novia, adoptar una mascota. Y cayó en las garras de los gatos. En este caso, de las gatas, porque son dos: Luz y Fer. “Fue todo un viaje educarlas, en especial porque tienen personalidades muy distintas y resultó no haber sido igual que con los perros, así que nos comimos todos los videos de YouTube al respecto. Y aunque siguen despertándome a medianoche con mordidas en los pies, son la mejor compañía no humana que pudimos escoger. Vienen con su dosis de ternura recetada, ¡no las cambio por nada!”, expresa Marcelo

De regreso


La historia de Coco es la de un descuido y de una pérdida, pero también de un retorno y de gestos solidarios en tiempos de cuarentena. Desde la aparición del primer caso de coronavirus en el país, en la casa de Adelita Égüez, tomaron todas la medidas recomendadas para resguardar la salud. Solo salían a realizar las compras en los días permitidos. Pero una tarde, el pequeño cocker de la familia se salió de la casa, ubicada por la avenida Ovidio Barbery, luego de que fueran a recibir un pedido de comida.

“Nos dimos cuenta minutos después, cuando no lo encontramos. Hicimos todo lo posible para encontrarlo, buscando en todas las cuadras alrededor hasta la hora que estaba permitido, no pudimos. Estuvo tres días desparecido”, relata Adelita.

La familia publicó el extravío en redes sociales y tuvo una amplia repercusión entre sus conectados y otros contactos que se sumaron a la búsqueda. “Los días se sintieron muy largos. Tratamos de alentarnos entre todos pensando que Coco estaba repartiendo felicidad a mucha gente, y decíamos que esto debía ser como esas películas en las que muestran la vida de los perritos viajeros”, añade.

Y fue que ocurrió algo parecido. Coco fue visto en la Manzana Uno junto a personas en situación de calle que recibían alimentos. Finalmente, Coco volvió con Adelita y los suyos.

“Agradecemos infinitamente a todas las personas que nos ayudaron y nos queda una lección aprendida para todos, nunca debemos descuidar a nuestras mascotas, ya que pueden escaparse en el momento menos pensado”, agrega Égüez.