Edición Impresa

Mañudos

Juan José Toro M 28/5/2020 03:00

Escucha esta nota aquí

¡Claro que el asunto de los respiradores es escandaloso! La baja en la aceptación al gobierno de la presidenta Añez es la clara muestra de que la opinión pública reprueba cualquier tipo de latrocinio, venga de donde venga.

Una de las frases que más se escuchó al respecto fue “igual que en el anterior gobierno”. Cierto. Las mañas de este gobierno son las mismas que las que tenía el anterior, pero habría que recordar que lo propio pasaba con el anterior respecto al que le antecedió.
Aclaremos: todos los gobiernos tienen las mismas mañanas que los anteriores por la sencilla y llana razón de que todos los partidos tienen las mismas mañas.

Por aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”, muchos creen que la corrupción y el latrocinio son recientes, cuando más de inicios del siglo XX. Lamento decirles que no.
Había juegos de poder entre los incas antes de que llegaran los españoles y estos trajeron otras mañas. Ni aquellos fueron más limpios, ni estos más sucios. En política, la mierda los iguala a todos.

Uno de los ejemplos históricos más emblemáticos es la Guerra del Pacífico, que enfrentó a Chile, Perú y Bolivia. El primero ganó ese conflicto y usurpó territorio, pero no solo por el apoyo que tuvo del imperialismo inglés, sino también por los conflictos internos de los segundos.

La Bolivia de 1879 era un desastre. Estábamos saliendo de una epidemia y los chilenos invadieron un territorio que para la mayoría de los bolivianos era solo un nombre. No había conciencia del valor que tenía un acceso al mar. Quizás por eso, a los políticos de entonces, entre los que estaban Aniceto Arce y Gregorio Pacheco, les importó un perejil lo que pase con el territorio invadido y conspiraron para sacar a Daza de la presidencia. ¡Fue un golpe de Estado en plena guerra!

Así, con presidente nuevito, que se puso al frente de las tropas, los bolivianos marchamos a Tacna, a unirnos a las fuerzas peruanas encabezadas por Lizardo Montero. Pero Perú era otro hervidero de grillos porque también se había producido un golpe de Estado. Nicolás de Piérola había depuesto a Mariano Ignacio Prado y se negó sistemáticamente a enviar la ayuda que Montero pedía frente al avance chileno. Es que no era “su gente”.

El resultado de todo ese embrollo político fue la derrota de los aliados en la tristemente célebre Batalla del Alto de la Alianza. Después, Bolivia se retiraría de la guerra y dejaría al Perú a merced de los chilenos.

Como se ve, los políticos siempre fueron cochinos y sus intereses sectarios terminaron imponiéndose a los de la patria. Si las epidemias no los frenaron en el pasado, tampoco lo harán ahora.