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Son horas cruciales las que se viven en Santa Cruz. El Gobierno nacional ha dejado en manos de gobernaciones y alcaldías el alcance de la flexibilización de la cuarentena, que en esta tierra ya dejó de ser rígida y ha pasado básicamente a la responsabilidad individual y familiar desde hace algunas semanas.

Hoy se reunirán los gobiernos subnacionales que tienen autoridad sobre este departamento, para definir si se da luz verde a la flexibilización, como plantea el Gobierno nacional, que autoriza el trabajo en empresas en horario continuo, la circulación libre (sin que importe el número de carnet), entre otras medidas, o si prevalece la firme posición de la alcaldesa que no ve conveniente flexibilizar las restricciones hasta ahora imperantes. 

La decisión es la más importante por el elevado número de casos registrados y los que se van contando cada noche. Hay que tomar conciencia de que en Santa Cruz ya hay 5.774 contagios, lo peor es que ya el coronavirus ha causado la muerte de 144 personas, causando dolor a 144 familias que vieron impotentes la agonía de sus seres queridos a quienes ya no tendrán más.

Hay que tomar en cuenta que 5.749 casos fueron transmitidos en la comunidad; es decir, que los casos importados fueron solo 25, suficiente para comenzar el infierno que estamos viviendo. El virus está en todas partes; probablemente ya no cuente mucho saber si hay zonas de mayor o menor contagio porque quizás muchos de los enfermos ni siquiera saben dónde contrajeron el virus.

Otro dato sobresaliente es que el ritmo de casos reportados hasta el momento supera los 400 cada día. Es altamente probable que la cifra supere los 6.000 contagios mañana y que el número se vaya multiplicando en las próximas semanas. La pandemia en Santa Cruz sigue en ascenso. 

Por otro lado, es también cierto que el hambre aprieta y que el gran contingente de trabajadores que viven al día no tiene posibilidades de acceder a ingresos para sobrevivir si no sale de su casa a buscar trabajo, ya que Bs 400 o 500 de un bono no es suficiente para alimentar a familias durante mucho tiempo. Es por eso que la decisión que asuman hoy los gobiernos municipal y departamental es altamente compleja, difícil y crucial.

Las desescaladas que se han visto en el mundo se dieron cuando los contagios fueron disminuyendo y muchos países europeos están dando marcha atrás porque, tras la flexibilización, volvieron a incrementarse los casos reportados. 

En Santa Cruz, que es el departamento más golpeado por el Covid-19, la situación es grave no solo porque la salida con autorización para trabajar generará más oportunidades al virus de avanzar en la infestación, sino porque las condiciones sanitarias para atender a los pacientes más graves no son idóneas en este momento. Ya lo vemos en Montero, donde no se ha abierto un hospital, o en la misma capital donde van disminuyendo las capacidades en terapia intensiva, por falta de equipos y de médicos especialistas.

Se pone en evidencia que no hay un solo punto de vista entre los gobiernos departamental y local; es más, se pueden vislumbrar diferencias importantes. Toca escuchar y valorar con mucho esmero los factores de riesgo, haciendo a un lado los aspectos políticos y pensando únicamente en la ciudadanía,
Asimismo, es preciso que haya un nuevo plan de contingencia que permita acelerar los procesos burocráticos de manera que más rápido que urgente se pueda proveer al departamento de camas, personal de salud y equipos necesarios. Así como están las cosas, probablemente lo peor esté por venir, no solo por la explosión de contagios, sino fundamentalmente por la falta de recursos. Esa es una responsabilidad compartida, que ha sido bien llevada en Santa Cruz, pero que demanda un concurso fundamental de parte del Gobierno nacional.

Los ciudadanos también deben tomar conciencia de su propia responsabilidad. No es justificable la aglomeración de personas en los mercados; si bien son centros de abastecimiento y de trabajo para miles de personas, no se logra comprender que no se tomen las medidas suficientes de bioseguridad: distanciamiento social, uso de barbijo o cubre bocas, lavado constante de manos. Ya decía el secretario departamental de Salud, Óscar Urenda, que en muchos casos habrá que hacer una cuarentena o aislamiento individual cuando se reporten los primeros síntomas, para que la transmisión del virus a una persona no sea el contagio de toda la familia. No se puede esperar magia de parte de las autoridades si cada uno no pone de su parte en este momento crucial.

Que el trabajo y el saber de los especialistas ilumine la decisión de las autoridades. Será importante valorar las palabras de la alcaldesa cuando dice que “no están dadas las condiciones” y, paralelamente, exigir al gobierno central que cumpla lo prometido en cuanto a equipamiento e ítems.