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Entre las filas del verde olivo los agentes suelen comentar que sus familiares saben que su vida casi siempre pende de un hilo, ya que su actividad los pone al frente de avezados delincuentes que no dudarán en cambiar la muerte de un policía por su libertad. Sin embargo, ahora los uniformados de esta institución, que camina rumbo a los 200 años de su creación, están en una batalla que no esperaron y donde ese enemigo invisible (coronavirus) ya se llevó la vida de siete de sus camaradas a escala nacional.

Los fallecidos hasta la fecha por el Covid-19 en Santa Cruz son el sargento Filomeno Choquehuanca, el teniente Pablo Daniel Aracena, el coronel Raúl Gareca Díaz y los suboficiales segundos José Alejo Condori y Héctor Alejandro Arnez Copa.

Alejados del dolor de sus partidas y tratando de encontrar consuelo por la irreparable pérdida de sus padres, la hija del coronel Gareca y el hijo del sargento Choquehuanca aceptaron hablar con EL DEBER, para contar desde sus corazones lo que fue para ellos y para sus familias pasar la vida al lado de hombres que vistieron el uniforme verde olivo por más de 25 años.

En la última hoja de vida que entregó el coronel Gareca, afirma: “Soy un profesional comprometido con la humanidad. En mi formación académica como oficial de policía y abogado me he enfocado en hacer cumplir las normas para coadyuvar con el desarrollo de la vida en sociedad”.

Gareca, que murió el 19 de mayo en La Guardia, era natural de Tarija, aunque la mayor parte de su vida residió y trabajó en nuestro departamento. Se casó con Liliana Castro y tuvo cuatro hijos: Eliana, Limberg, Lenny e Isabel.

En enero de este año, después de vencer con éxito los estudios superiores en la Escuela de la Academia Nacional de Policía, se convirtió en coronel efectivo después de casi 30 años de servicio. La tercera estrella que lucía en su uniforme, le fue impuesta por su esposa Liliana.

“Fue uno de los momentos más hermosos que compartimos con nuestro padre”, contó su hija Eliana, que habló con EL DEBER en medio del dolor que aún le provoca evocar lo ocurrido.

“Solo recuerdo todo lo hermoso y bonito de mi padre, porque así fue su vida. No porque sea mi padre, sino porque fue un hombre maravilloso”, contó al otro lado del teléfono la joven y rompió en llanto, no soportó más y sus palabras se entrecortaron, como ocurrió con cientos de otros uniformados que participaron de los honores póstumos que recibió el coronel Gareca tras haber perdido la batalla contra el Covid-19.

“Mi padre fue un ejemplo de vida, de servicio, de amor, de esfuerzo, de profesionalismo. Estamos agradecidos a Dios por tantas muestras de cariño y solidaridad de la gente, los actos de reconocimiento y gratitud de la Policía, de sus camaradas, de sus amigos, en este momento tan duro para nosotros”, resaltó Eliana, haciendo notar además que cada 12 de septiembre renovaba sus votos matrimoniales con su esposa y que estudió Derecho para ayudar y acompañar en la universidad a su cónyuge y a su hija.

El sargento que se fue

Filomeno Choquehuanca, un sargento que estaba a punto de cumplir 30 años de servicio en la institución que amaba, no pudo cumplir su deseo de jubilarse porque la muerte del enemigo invisible lo sorprendió antes.

“Mi padre fue un hombre responsable y humilde servidor. Estamos dolidos pero confiados en Dios para seguir adelante. Somos agradecidos por todo lo que mi papá hizo por nosotros. Somos una familia de escasos recursos, mi padre no nos dejó abundancia, pero sí el ejemplo de trabajo, valores y principios”, apuntó Wilson Choquehuanca, el hijo mayor de cuatro hermanos, que ahora estudia Derecho.

Al igual que la hija del coronel Gareca, Wilson agradeció a la Policía por los gestos de apoyo, solidaridad y respaldo que recibió su familia en los momentos duros que le tocó enfrentar. También recordó que en las últimas semanas su papá comenzó a sentirse mal, tuvo fiebre, tos y se quejaba, fue ingresado a terapia intensiva y pese a su lucha, en tres días el virus acabó con su vida.

“Para él era su trabajo era lo máximo”, afirmó Wilson, que ahora se hará cargo de su familia y le pidió a la gente, con la voz entrecortada por la emoción: “Reflexionen, cuídense, nosotros hemos vivido esto en carne propia”.

ANÁLISIS: Les pido que no se dejen manipular

Rubén Barrientos/Jefe de la FELCV

Nosotros, los policías, somos conscientes de que recibimos galardones y ascensos póstumos el día que nos marchamos de este mundo, como si las cosas terrenales nos sirvieran de algo. Luego pasan los días, los meses y los años y solo seremos un recuerdo más, un ejemplo en la memoria.

Pero ahora es tiempo de acordarnos de los vivos, porque son ellos los que están poniendo su pecho para defendernos contra este oponente circunstancial, con aciertos, errores y más tristezas que alegrías, entre reproches y halagos, seguimos y seguiremos empeñados en brindar seguridad a la gente, sabiendo que en la mayor parte del trabajo damos el 200% de nuestro esfuerzo por cumplir nuestra misión, pese a que hay personas que nos silban, apedrean, escupen e insultan.

Sin embargo, también hay quienes por las calles nos saludan diciendo: “Que Dios lo bendiga oficial”, lo que nos alienta a seguir viviendo y a no rendirnos.

Palabras como “nunca te canses”, “nunca te rindas”, serán nuestro alimento diario de un pueblo que reencontramos en ‘las pititas’ y que junto a ellos recuperamos la democracia. A ellos quiero decirles que nunca más seremos sometidos a ningún abuso ni autoritarismo y que ahora necesitamos de todos los bolivianos para vencer a este adversario invisible.

Los policías, junto a nuestros gladiadores de blanco, están presentes para luchar y ganar a esta pandemia. Es dura la batalla, pero venceremos con el apoyo incondicional del Gobierno y de las otras instituciones del Estado.

A mis camaradas les pido que no se dejen manipular por intereses políticos, que buscan dividirnos y agudizar un problema que es de salud y no político. Ahora, más que nunca, se debe imponer nuestra vocación de servicio.

Los policías, junto a nuestros gladiadores de blanco, están presentes para luchar y ganar a esta pandemia