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¿Qué cambios se produjeron con esta pandemia?

Hubo un cambio en el orden de la estructura económica mundial. De ahora en adelante habrá que ver las características que tendrá la globalización porque esa época nos había llevado a la integración de producción y logística a escala mundial, hoy se encuentra en entredicho y en colapso. Una de las características importantes que tuvo la globalización es que gracias a las mejoras en comunicación, transporte y mano de obra barata resultaba más económico fabricar productos a miles de kilómetros que en su propio país, pero eso ha cambiado, no solo por la lógica del Covid-19, sino desde la óptica de la seguridad. El cambio de la economía y de la globalización son los primeros en percibirse y será de manera radical. Todavía no entendemos a cabalidad cómo será ese cambio, pero lo cierto es que ha comenzado y, en mi opinión, es irreversible.

¿Cómo afectarán estos cambios a la relación entre países?

La analogía de guerra utilizada por la mayoría de los países provocó la exacerbación del nacionalismo y demostró que los grandes liderazgos mundiales están severamente cuestionados, principalmente el de Estados Unidos, que es dirigido por un líder populista de derecha (Donald Trump) que cuestiona, no solo al resto del mundo, también a otros presidentes e interpela la lógica de la ciencia y de la medicina. La economía global tendrá una caída estrepitosa este año, algunos cálculos estiman entre el 15% y el 20%, lo que significa que será muy interesante saber cómo se recompondrá la economía.

¿El efecto será solo en el aspecto económico o habrá el supernacionalismo?

Se lo vio en Europa con el populismo de izquierda y de derecha. Fue evidente en Hungría, con el primer ministro Víktor Orban; se lo vio en Turquía, en Polonia y la situación de Boris Johnson, en Inglaterra, que, de alguna manera, aprovecharon la presencia del Covid-19 para concentrar sus liderazgos y exacerbar el nacionalismo. Es muy fácil decir que el coronavirus es un virus chino, que es importado. En algunos países ocurre la lamentable situación de impedir que sus connacionales vuelvan a sus casas porque temen que propaguen el virus. Políticamente está teniendo un impacto traumático en muchos países y lo peor es que la democracia liberal es la más afectada.

¿Por qué?

Veamos lo que ocurre en América Latina. Considero que el caso más extremo es el de Venezuela, donde hay un gobierno de cuestionada legitimidad que utiliza el coronavirus para concentrar más poder. El Covid-19 ha servido para que Nicolás Maduro mantenga a la gente encerrada en sus casas y completamente dominada. El coronavirus ayuda a los que no son demócratas a afincar su dominio sobre la mayoría de la población.

En el caso de (Jair) Bolsonaro, en Brasil, observo un fenómeno bastante parecido al de EEUU. Un líder populista de derecha, con una base electoral amplia, es muy parecido a Trump y también a los populistas de izquierda que dicen cualquier cosa, pero en medio de eso envían amenazas a otros poderes del Estado.


¿Qué pasa con Bolivia, que está con un gobierno transitorio y que ha postergado la elección por la pandemia?

Bolivia no es inmune a las tendencias globales ni al efecto del Covid-19, pero lamentablemente encuentra al país en un momento de transición muy difícil y cuando se cuestiona la legitimidad del mandato de la presidenta. Jeanine Áñez enfrenta el mismo dilema que los mandatarios de otras partes del mundo. Ella necesita contar con la capacidad de obligar a una población a que se quede en casa para evitar la propagación del coronavirus. En Estados Unidos si bien nos dejaron a todos en casa, no se produjeron las penalidades ni el autoritarismo que se ha visto en Ecuador o en Perú, por ejemplo, con toques de queda. En algunos países de América Latina, incluyendo Bolivia, se llegó a la lamentable situación de tener a más personas presas por violar la cuarentena que a tener enfermos en los hospitales por el coronavirus. Eso, de alguna manera, es una forma de autoritarismo, no al extremo del aplicado por Maduro. Uno puede debatir si ese tipo de política funciona, porque hay otros casos en el mundo, como el de Suecia, Corea del Sur o de China que intentaron varias formas para evitar contagios. Bolivia optó por una cuarentena total con un gobierno de transición.

El gran problema de la presidenta, en mi opinión, es que en enero se declaró candidata y al asumir la candidatura, más allá de las buenas intenciones, siempre existirá la duda de que todo lo que haga o deje de hacer está dirigido a alcanzar su reelección. A eso se suma que el Gobierno se ve afectado por un escándalo serio de corrupción que le resta la poca legitimidad que le queda.

¿Se puede cuestionar la legitimidad de la presidenta?

La legitimidad no solo es una cuestión que se gana por el voto popular. La presidenta Áñez es la mandataria legítima de Bolivia, constitucionalmente hablando. No creo que valga la pena entrar en la discusión si es presidenta de facto, ilegítima o que es producto de un golpe de Estado porque eso forma parte de un discurso de ciertos sectores que están involucrados en un debate político. El análisis es que la señora Áñez es presidenta por sucesión constitucional, e insisto que su error fue declararse candidata en enero.

En mi criterio, le hubiera ido mucho mejor a ella, a su partido político y, probablemente, a Bolivia si se hubiese mantenido como presidenta de transición. La jefa de Estado ha obrado muy bien en el escándalo de corrupción. Ella inmediatamente despidió al ministro, enseguida esa autoridad fue detenida y otros funcionarios también resultaron aprehendidos. Es decir, hizo lo que ningún otro presidente había hecho en el pasado reciente, particularmente en el Gobierno del MAS, donde la corrupción estaba a flor de piel y el presidente no hacía nada.

Antes de que se conociera el caso de los respiradores el Gobierno tenía dos tareas básicas: salir de forma ordenada de la cuarentena y la recuperación económica, pero ahora se suma la corrupción. ¿Qué implica esto para la presidenta?

Está tocando el otro tema profundo que enfrentamos por el Covid-19, que es la crisis económica que se vive en todos los países del mundo. Por ejemplo, yo sigo trabajando, tengo mi salario y dispongo de mi esquema laboral intacto, pero la mayoría de los países latinoamericanos, en particular Bolivia donde el 80% de la población genera sus propios ingresos, no tiene su esquema laboral porque viven del día a día. En ese contexto, el Gobierno pide a la población que se quede dos meses en casa sin trabajar y sin producir, pero el Estado no es capaz de proporcionar el ingreso debido a los ciudadanos para que sobrevivan en esta cuarentena.

En la medida que se extienda el aislamiento, tardará más la recuperación económica. En Estados Unidos hay más de 30 millones de personas desempleadas. El efecto económico es brutal, imagínese en Bolivia, con personas que viven del día a día y con un Estado que no tiene capacidad de garantizar un ingreso a los bolivianos mientras nos recuperamos de esto. Ahí está el detalle, no se puede hablar de incapacidad de la presidenta, sino de la incapacidad económica del Estado.

¿Cómo ve usted que los ejes principales de la campaña sean la violencia y el Covid-19?

Para la señora Áñez fracasar en la administración de esta crisis no solo coloca en riesgo su reelección, sino que pasará a la historia como una presidenta que no hizo absolutamente nada y que contribuyó a la profundización de la crisis. Visto objetivamente desde lejos, la administración de la crisis no ha sido mala, incluso internacionalmente es reconocida como una buena administradora de la crisis. Tendrá que ser durísima contra la corrupción, no tiene opción. Para la oposición es relativamente fácil decir en campaña que ellos representan al pueblo, que el MAS es la expresión de los que no pueden salir a trabajar y que es la voz de los humildes. Esta crisis es muy difícil de manejar en cualquier país del mundo, salvo en China, donde no hay opción a la protesta. Creo que el gran dilema de las democracias consiste en definir cómo salir de esto sin convertirse en autoritarismo, sin violar preceptos básicos, como limitaciones de libre circulación o de la libertad de expresión.

¿Considera conveniente que las elecciones se celebren en el plazo que estableció la Asamblea Legislativa?

Hace muchos años que trabajo en República Dominicana y en ese país las elecciones presidenciales estaban previstas para el 17 de mayo, pero fueron postergadas para el 5 de julio por causa del coronavirus. Recientemente se hicieron elecciones en el estado de Wisconsin en plena crisis, pero 20 de las personas que acudieron a votar resultaron afectadas por el coronavirus y existen fuertes sospechas que ocurrió el día del sufragio. En EEUU tendremos elecciones el 3 de noviembre. La Constitución establece que es el primer martes de noviembre y no es posible modificar la fecha, aunque es muy probable que en esa época estemos en la segunda ola del Covid-19, pero no hay vueltas, se tienen que desarrollar las elecciones ese día.

En Bolivia no sabemos en qué etapa del Covid-19 está el país, especialmente con lo que pasa en Brasil. Sin embargo, creo que sí es importante llegar a las elecciones.

¿Importante o necesario?

Ambos. Hay que resolver el problema del poder; cómo y cuándo hacerlo es el dilema. Si se lo hace ahora, obviamente sería irresponsable, no solo por la pandemia, sino porque el Tribunal Electoral no tiene la capacidad de organizar elecciones de la noche a la mañana, ni siquiera siguiendo lo que dictaminó el MAS en la Asamblea Legislativa. Habrá que buscar hacer las cosas legalmente, a su debido tiempo, pero tampoco es una opción postergar las elecciones porque no es políticamente viable para el país.

¿Por qué?

Cada día que pasa se deslegitima más la señora Áñez y el Gobierno de transición. Cada día que pasa en estas circunstancias el MAS piensa que la protesta social es absolutamente legítima como forma de lucha. Lo que han concluido organismos como la Cepal, es que producto de esta pandemia tendremos mayor cantidad de protestas sociales, la pobreza se ha intensificado, estamos llegando a algunos países con casos de hambruna. Es muy importante resolver el tema de quién gobierna y cómo gobierna.

¿Considera complicado que el Gobierno de transición enfrente una crisis social?

Toda transición genera incertidumbre, particularmente la boliviana por la forma en cómo salió Evo Morales del poder y por el enorme descontento popular que él es capaz de generar desde Argentina con su candidato en Bolivia. Ese descontento no cesará mientras no exista un gobierno elegido por las urnas en Bolivia. Mientras no haya un voto popular que determine el nuevo Gobierno, el MAS mantendrá su discurso de que estamos ante un gobierno de transición, producto de un golpe de Estado. Segundo, estarán con la cosa de que ellos son los legítimos representantes del pueblo y por el mal manejo de la crisis pueden movilizar gente, como han hecho en Yapacaní y en el centro de Bolivia. Ellos siguen teniendo la capacidad de movilización y pueden paralizar el país de la noche a la mañana y generar un grado de violencia extrema. En mi opinión, la única forma de resolver este problema es convocar una elección y gane quien gane asuma la Presidencia de Bolivia. Cualquier Gobierno que venga a La Paz tendrá la horrible tarea de estabilizar la economía, de hacer crecer al país y de buscar algo de estabilidad económica.