Escucha esta nota aquí

Fue un 15 de abril. En esa fecha la presidenta Jeanine Áñez anunció la creación del fondo para la reactivación de la micro, pequeña y mediana empresa del país. Estas compañías se vieron forzadas a parar debido a la emergencia sanitaria por la presencia del coronavirus.

Luego, el 24 de ese mismo mes, el Gobierno anunció la reglamentación para que los emprendedores caídos en desgracia se levanten de la crisis. Pero hasta el momento ningún centavo salió de los Bs 1.500 millones que el Estado prometió para reactivar al sector.

Arriesgados y humildes, de rostros indígenas en su mayoría. Los microempresarios miran de frente a la adversidad, la desafían, y agachan la cabeza, no como acto de cobardía, sino para seguir trabajando para derrotarla. No hacen negocios con trajes y corbatas, ese look no es para ellos. Prefieren el calor de las máquinas prendidas a la comodidad de una oficina con aire acondicionado. No firman cheques como los ejecutivos, lo suyo es transformar telas en ropa, maderas en muebles, o un montón de fierros en piezas industriales. No manejan las cuentas en libros de contabilidad o complejos software, pero saben sacar cuentas con solo un cuaderno y su memoria.

Son una especie distinta, son los que se levantan muy temprano y cierran tarde. Sin horarios. Son los que, de acuerdo con las estadísticas oficiales, generan más del 80% del empleo en el país. Y hoy enfrentan a un enemigo tan pequeño, pero peligroso que ya hizo quebrar a más de 150.000 unidades productivas de las casi 600.000 que existen en el país.

Una larga espera

Desde el 22 de marzo el país vive una cuarentena total, que silenció todo. Todo se frenó en seco. Y si bien el sector lucha contra el contrabando y políticas laborales que diezman su producción, el coronavirus es un enemigo duro de roer, admite Rolando Alcón, que desde hace varios años se dedica a la producción textil. Su base de operación es Santa Cruz, desde aquí en sus buenos tiempos abastecía a diferentes tiendas del país.

Ahora los tiempos son diferentes, y cuando la presidenta anunció la creación del fondo, Alcón admite que se puso feliz. Pero el tiempo pasa y el dinero no llega a los bolsillos de los productores endeudados.

“Todos nos comunicamos por grupos de WhatsApp y nos preguntamos cuándo arrancará el fondo, pero hasta ahora no hay nada”, señaló decepcionado.

Pese a esto, asegura que en el sector textil están remando contra la corriente, confeccionando trajes de bioseguridad y barbijos. Sin embargo, la preocupación sigue latente ante la falta de liquidez.

La misma frustración expresó Félix Huaycho, ejecutivo de la Federación Departamental de los Micro y Pequeños Empresarios de Santa Cruz (Fedemype).

El hombre dirige a más 10.000 afiliados en toda la región, y hasta la fecha ninguno pudo acceder a recursos del fondo.

“Ninguna (unidad productiva) ha sido beneficiada. Todo quedó en un show político, pese a que somos el motor para generar empleos”, reclamó Huaycho.

El dirigente señaló que más del 95% del sector tiene deudas con los bancos, por lo que precisan una reprogramación de créditos y mejorar las condiciones para acceder al fondo.

No solo los microempresarios observan el retraso del desembolso de estos recursos. Desde la Asociación de Entidades Financieras Especializadas en Microfinanzas (Asofin) indicaron que hasta el momento “no se recibieron los fondos para apoyar a la micro y pequeña empresa”.

En el Banco Ecofuro informaron que la financiera aún no está otorgando dichos créditos, debido a que esperan una respuesta del Banco de Desarrollo Productivo (BDP), que es la instancia responsable de aprobar y desembolsar los recursos requeridos para la iniciativa estatal.

“El banco ya presentó toda la documentación solicitada por el BDP y será esta institución la que determine el importe que desembolsará para el proyecto. Se desconoce la forma de distribución de estos fondos entre las entidades financieras”, señalaron desde Ecofuturo.

Dinero trasladó esta pregunta al BDP y al Ministerio de Economía, pero hasta el cierre de edición ninguna de las dos entidades estatales contestó.

Observaciones

Si bien todos están de acuerdo con el fondo, desde el sector de las mypes observaron que la medida no se ajusta a sus necesidades. Por ejemplo, desde la Confederación de la Micro y Pequeña Empresa (Conamype) indicaron que las tasas fijadas en el reglamento del fondo no ayudan para nada al sector.

El reglamento lanzado por el Ministerio de Economía establece, entre los principales puntos, que los negocios podrán prestarse hasta un máximo de Bs 115.000, bajo la tasa regulada en el crédito productivo.

El artículo 5 del Decreto Supremo N.º 2055 del 9 de julio de 2014, establece una tasa mínima del 6% y una máxima del 11% para el crédito productivo.

Esta norma fue promulgada durante el Gobierno del expresidente Evo Morales, en cumplimiento a la Ley N.° 393 de Servicios Financieros.

“Esto no es ayuda, esas tasas ya las teníamos antes, necesitamos una tasa mínima de hasta un 3%”, señaló Huaycho.

Sobre las críticas, el viceministro del Tesoro, Carlos Schlink, reveló que no se ha determinado la tasa de interés, y que no puede ser superior al 6% para el sector productivo.

“En el programa de alivio que creó el Gobierno la tasa de interés será definida”, señaló.

Néstor Conde, presidente de la Conamype, indicó que la situación del sector es dramática porque varias unidades productivas están sin trabajar. Incluso aseguró que del total de negocios, más de 150.000 han quebrado.

“Para sobrevivir, muchos se están ‘comiendo’ su capital y están vendiendo su maquinaria”, señaló el dirigente.

Por eso es necesario, según el dirigente, que se revise el proyecto y se modifiquen las tasas.

Financiamiento

La reglamentación establece que para financiar el crédito, el Fondo de Desarrollo del Sistema Financiero y de Apoyo al Sector Productivo (Fondesif) realice gestiones ante el Ministerio de Economía y Finanzas para otorgar recursos al programa.

El reglamento señala que solo los bancos pyme, las Instituciones Financieras de Desarrollo (IFD), las cooperativas de ahorro y crédito y las Entidades Financieras de Vivienda, son las únicas que podrán canalizar los recursos del programa a las micro, pequeñas y medianas empresas.

Además, la normativa excluye a los bancos múltiples del fondo.

Pero más allá de que ya exista una reglamentación, a más de un mes de su anuncio, la ayuda que prometió el Gobierno para los emprendedores no llega a sus bolsillos, mientras tanto el sector soporta como puede la crisis generada por el coronavirus.