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Una olla humea. Adentro se cocina un locro. Miles esperan por él. Sucede en El Quior, ahí donde el pavimento ya no existe y la pobreza se campea día a día. Hasta ese lugar 'arribaron' unos ángeles para darles de comer. Ese espíritu solidario cubre toda la mancha urbana, sin diferencias. Son 50 corazones que le dibujan una sonrisa a los más necesitados. Forman parte de nueve colectivos, que requieren de más herramientas para seguir actuando. 

La labor lleva más de 70 días por la cuarentena impuesta en el país. Y, al parecer, no se desinflará. Los rostros líderes de este movimiento civil se llaman Gabriela Molina (Plato Lleno), Jhanisse Vaca y Carolina Ballivián (Ríos de Pie), Gladys Echenique (Calentando Corazones), Esteban Gómez (Olla Comunitaria Bolivia y Olla Comunitaria Norte), Daniela Justiniano (Alas Chiquitanas y Refugios Unidos), Lisa Mirella (Movimiento Libertad) y Rodrigo Pereira (Líderes en Vigilia). Todos tiene un equipo humano incansable.


Se levantan temprano. Hay harto que hacer y el tiempo no alcanza. Unos hacen el registro de solicitudes. Otros compran las cosas y preparan la comida. Están los que alistan la logística de distribución y las recaudaciones. "Nosotros debemos tener el mapeo de los 16 distritos más completo de la ciudad", cuenta Gabriela. Y, eso ocurre, porque van pintando aquellos barrios donde batieron sus alas. 

Las cifras solidarias van creciendo. Son más de 40.000 personas alimentadas, más de 1.150 kits de alimentos, 115 refugios con más de 3.000 animales, más de 150 ollas comunitarias, 4 toneladas de alimentos para hogares y Palmasola, y 80 almuerzos que se dejan todos los días en el Oncológico, el hospital Japonés y el hospital de niños. Se ha llegado a zonas, como el Plan Tres Mil, Pampa de la Isla, Villa Primero de Mayo, Plan 4.000, Los Lotes, barrio Luján, Satélite, avenida G-77, avenida Paurito y Cotoca. 

Cuando van por esas calles de tierra, los voluntarios se topan con las ya denominadas ''trancas de hambre' y en ellas hay personas que salen a pedir algo para comer. Son muchas y cada vez son más. En otros lugares, los vecinos se organizan y se distribuyen la comida. Antes, para llegar a ellos, estos grupos civiles usaban un camión gratuito. Ahora, tienen que pagar por el servicio y solo lo pueden usar ocho horas. Es por eso que la necesidad ahonda más.

La mano noble de varias empresas bolivianas y de anónimos se extendieron. Y de ellas se obtuvo 900 kilos de pollo, cajas de té, aceite, arroz, fideo, azúcar, sal y otros productos. La Gobernación también ha colaborado. Y la Alcaldía les informó que ellos llegan a 96 ollas comunes. "Pero, nadie las conoce y nadie ha comido en ellas. Lo que le pedimos a las autoridades municipales es que nos digan cuáles son estas ollas para que no repitamos con la ayuda. Queremos transparencia", declara Gabriela. 

Jhanisse Vaca y Carolina Ballivián también están con Gabriela. Ellas dos están viviendo juntas por estos días grises. La primera es sucrense, la segunda es cruceña, pero sus corazones se forjaron con la misma capa: la solidaridad. Ambas jamás olvidarán esos rostros risueños de aquellos niños del hogar Mi Casa cuando estaban alimentándose. Ambas jamás olvidarán aquellos momentos en los que la gente les agradecen y hacen una oración por sus vidas. "Estas acciones no se hacen por caridad o por favor, sino por igualdad. Hoy por ti, mañana por mí. No somos superheroínas. Creemos en la solidaridad horizontal entre ciudadanos, en el intercambio de las cosas, en el trabajo desinteresado por el otro...", se explaya Jhanisse.

Para poder ser parte de este movimiento se puede ayudar llamando a los siguientes teléfonos: 784-11070 (Gabriela Molina), 708-87860 (Carolina Ballivián), 708-11914 (Daniela Justiniano) o mediante las redes sociales. Entre las necesidades urgentes están la de contar con camiones de servicio gratuito para seguir llevando la comida. Estos ángeles no dejarán de volar.