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OPINIÓN

Cara a cara

Pedro Rivero Jordán 24/6/2020 03:00

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En medio del flujo noticioso sobre la incontenible escalada del coronavirus que nos tiene sin poder conciliar el sueño tranquilamente y el llamado a las urnas el 6 de septiembre, -sin que importe mucho que los ciudadanos que acudan a votar se contagien en masa cuando la infección alcance sus picos más altos,- pasó a segundo plano la resolución de un tribunal de sentencia de La Paz. Fue la que absolvió, finalmente, a los acusados del denominado ‘caso terrorismo’ que montó el régimen masista para perseguir y encarcelar a sus oponentes. A los que hizo que dejaran el país o privó de su libertad e impidió por completo el ejercicio de sus derechos constitucionales. Así fue mientras duró una patraña tan monstruosa como insostenible. Falta que rindan cuentas sus responsables.

Algunas víctimas del sórdido caso purgaron hasta más de 10 años en prisión, sin acusación formal en su contra y sin que prosperara acción alguna a su favor ante implacables e inconmovibles juzgadores, parte de la canallada urdida y de una asquerosa administración judicial. Por estos días, mucho mejor librado ha salido un hombre influyente y cercano al ex-jefazo que manipuló y prostituyó la justicia a su antojo. Carlos Romero Bonifaz fue beneficiado con detención domiciliaria después de permanecer cinco meses en el penal de San Pedro, por presunto hecho de corrupción del que podrá asumir defensa en mejores condiciones. Las que delante de sus narices rotundamente se negaron a otros bolivianos como él. Algo que nunca debió ni debe volver a ocurrir.