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Los contagios de Covid-19 en Bolivia batieron récord el lunes 22 de junio. El informe oficial del Ministerio de Salud reportó 1.105 en todo el país y 47 fallecidos en un solo día. En Santa Cruz no hay menos de medio millar en cada informe, con el agravante de que el sistema de salud público y privado está colapsado por donde se lo mire. El recuento oficial solo refleja una pequeña parte de la realidad, ya que no se han contabilizado los hallazgos de los rastrillajes ni la cantidad de pacientes que son asintomáticos. Es el momento más duro, pero está claro que no es el peor momento y que nos encaminamos a una catástrofe sin precedentes.

Países del primer mundo, que tienen seguridad social para todos sus habitantes colapsaron. El coronavirus está azotando con fuerza a naciones que antes eran referente de salud para Bolivia, como Chile donde ya se ha superado el nivel de contagio que se había conocido en Italia y España. Brasil rebasó hace varios días el millón de infectados, Estados Unidos tiene 2,3 millones de personas con Covid-19. Es tan crítico este momento que lugares donde se tenía la situación controlada, como Uruguay, están dando a conocer rebrotes preocupantes.

El director nacional de Epidemiología decía que la situación en Bolivia puede ser peor que la de los países con situación crítica, porque el sistema de salud del país es pésimo y porque no se ha logrado mejorar las condiciones. Sin embargo, nada de lo dicho logra que haya un cambio de comportamiento en los ciudadanos de a pie ni en la clase política nacional. Es como si los bolivianos estuvieran acostumbrados al lamento, pero no a la iniciativa ni a la acción.

En la clase política hay una incoherencia absoluta. En el MAS que hace bloqueos desde el Congreso y desde las calles sin que le importe la vida y la salud de la gente. En el Gobierno porque la presidenta habla de la salud del pueblo, pero hace más caso a lo que llama ‘presión’ de sus contendientes electorales y promulga la Ley de Convocatoria a Elecciones, en contra de sus propias convicciones. En Comunidad Ciudadana porque el candidato demanda comicios, pero se hace a un lado de la responsabilidad que conlleva ese pedido. ¡Qué lejos están todos de dar la talla para devolver certezas y confianza a la población!

También hay que lamentar la acción pasiva del Tribunal Supremo Electoral en cuyos vocales estaba cifrada la esperanza del país. 

En lo público ya se perdió la valiosa oportunidad de haber equipado los hospitales, de haber dotado de más ítems y bioseguridad al personal de salud; de los respiradores ya nadie habla y parece haber una resignación a la errada política de no haber instalado más laboratorios y aplicado muchas más pruebas a la población. La desesperanza y la falta de confianza ciudadana crecen tanto como los contagios por la pandemia, con la certeza de que esa falta de fe se expande a los aspirantes a la Presidencia, porque aparte de atacarse, nadie propone cómo salir de este profundo abismo en el que nos encontramos. ¿Quién puede salvar a Bolivia?

En cambio, son destacables las iniciativas de la sociedad civil, reflejadas en los voluntarios para hacer el rastrillaje, en las organizaciones de personas que siguen llevando alimentos a los barrios. Estas acciones son la única esperanza en este momento. Que ese ímpetu no desfallezca y que pronto se arme un comité de emergencias, como en Guayaquil, para ocupar el espacio que el Estado deja vacío con su inacción.