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La subestimación al virus que dejó una triple crisis

25/6/2020 03:00

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Por: Gisela Araoz Corbalán  / Internacionalista
Universidad Autónoma Gabriel Rene Moreno


En diciembre de 2019 lo que pasaba en Wuhan, China, sólo reverberaba en Europa, parecía algo muy lejano, algo que no llegaría. Tal vez se debió al recuerdo de la primera crisis del coronavirus, el SARS del año 2002, que no llegó a Europa ni impactó a nivel mundial.

El virus viajero
Durante los meses de febrero y marzo observamos cómo el epicentro de la crisis sanitaria traspasaba las fronteras de China, traspasaba las fronteras asiáticas y se proyectaba al continente europeo. Mientras Europa todavía miraba la crisis sanitaria con cierta estupefacción, con descreimiento, con mucha moderación y con mucha especulación - pero sin tomar medidas restrictivas e importantes - el virus ya se había propagado con una virulencia exponencial y una fuerza extraordinaria. Así, empezó a registrarse un crecimiento exponencial de los casos de Covid-19, siendo la primera víctima, como todos sabemos, Italia.

Sálvese quien pueda
Es posible identificar dos estrategias en la situación europea: la primera fue intentar salvaguardar los sistemas de salud ante la avalancha de contagios potenciales dado el riesgo de que todo el sistema colapsara. La segunda fue la adquisición de mascarillas, ventiladores y de respiradores para atender los casos de infectados que presentaran complicaciones. Ambas estrategias se sucedieron sin ningún orden, cada Estado intentó comprar por sus propios medios los insumos y las herramientas sanitarias para enfrentar al Covid-19, en total descoordinación con el resto de los miembros de la Unión Europea (UE).
Es por esto por lo que es posible sostener que la Unión Europea fracasó rotundamente en la contención esta crisis sanitaria. Esto se evidencia si consideramos que el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades2 (ECDC), que cuenta con un personal de apoyo de 300 personas, sólo tres días antes de la propagación masiva de virus en Italia emitió un informe público en el que sostenía que “el riesgo de pandemia es muy bajo en Europa”. Aquí está todo dicho: el fracaso en las previsiones no ha sido solo responsabilidad del gobierno italiano primero y del español después, sino que fue a nivel europeo y, en este sentido, es se convirtió en un problema a nivel comunitario4.

¿Qué hace y qué deja de hacer la UE?
Lo que la Unión Europea puede o no hacer no es algo simple de discernir. Esto es porque, si bien es una organización supranacional, existe una amplia variedad en los términos en los que los Estados ceden su soberanía a la Unión Europea. Dado que esta organización actúa bajo el “principio de atribución de competencias”, sólo actúa con competencias cedidas de soberanía en aquellos ámbitos en que los Estados miembro han determinado ceder competencias.
La UE no interviene donde quiere sino donde puede, y es allí en donde surgen las complicaciones. Dado que los Estados miembro permiten a la UE intervenir a través de la cesión de soberanía, la UE no está llamada a actuar de la misma manera en todas las situaciones. En otras palabras, la Unión Europea goza de diferentes niveles de intervención: interviene con competencia exclusiva en determinados ámbitos, con competencia compartida o concurrente con los Estados miembros en otros ámbitos o interviene a través de competencias más débiles denominadas de apoyo, coordinación o complemento – es decir, competencias que continúan siendo en esencia de los Estados miembro y el rol de la UE se limita a completar, apoyar o actuar de complemento de dicha competencia -.
Dado que la pandemia del COVID-19 es una crisis sanitaria, se vincula directamente con la competencia de la UE en materia de la salud5. Y así, se convierte también en una crisis económica y social que impacta a todos, y afecta a una serie de ámbitos de políticas públicas que incluso alcanza a la competencia en materia de mercado interior.

¿Qué es lo que está haciendo la UE?
La UE ha decidido mantenerse en un plano de apoyo mediante la emisión de orientaciones, recomendaciones o directrices a los Estados miembro. Son éstos los que, a través de decisiones soberanas, definirán su política nacional respecto a cómo afrontar la crisis del COVID-19, mientras se apoyan en las mencionadas recomendaciones de la UE.6. Es por esto por lo que el rol crucial de la UE será en el futuro, en lo que se les avecina, en lo que está sobre la mesa: la profunda crisis económica y social de la que es imposible escapar. Y es aquí en donde comienzan las complicaciones nuevamente, ¿Por qué? Porque si bien la UE es un club de 27 miembros (con la salida de Reino Unido), dentro de ese club hay un grupo selecto de 19 Estados que conforman la Eurozona, es decir, los que emplean el Euro como moneda única7.
Ahora, en cuanto a la crisis económica, el Banco Central Europeo (BCE) ya ha dado respuesta: adelantó que pondrá a disposición 650 mil millones de euros para la compra de deuda pública soberana alimentaria secundaria. De esta manera, el Banco Central Europeo ha anunciado que cuenta con 1350 millones de euros en reserva para comprar la deuda pública soberana y así calmar a los mercados9.

¿Qué hay que esperar de la UE?
En primer lugar, se espera que la Unión Europea haya aprendido la lección de 2008 y del “austericidio” con que se manejó durante esa crisis económica. Hoy por hoy, los signos que la Unión Europea está mandando a los Estados miembro es que no afrontará la crisis de la misma manera que en el 2008, sino que esta vez dará mucho más margen a los Estados miembro a través de distintos fondos. Este abandono de la austeridad acérrima le permitirá a los Estados miembro y a la UE recuperar poco a poco la economía productiva para así promover la cohesión social, que es lo que, en última instancia, está en juego para la UE.

Por otro lado, es necesario reflexionar sobre la iniciativa de la UE de recomendar a sus Estados miembro la prohibición de la entada de ciudadanos de nacionalidades extraeuropeas para limitar la libre circulación tanto interna como externa al denominado Espacio Schengen. Estas medidas fueron sustentadas en la necesidad de mantener el orden público y la seguridad nacional ante la crisis de la pandemia del Covid-19.
 
En definitiva, esta respuesta surge principalmente desde el nivel nacional ya que la UE posee un sistema bien integrado, con fronteras consolidadas debido a la libre circulación interna. Permitir la limitación de la circulación a los Estados miembro es algo que ya sucedió en el año 2015 durante la crisis migratoria producto de la guerra entre Irak y Siria.
Es por esto por lo que la determinación de quiénes podrán ingresar al espacio de la Unión Europea es en realidad una decisión de cada Estado miembro, ya que la UE no ha brindado una respuesta común a nivel regional. Ejemplo de esto es el caso de Italia y Grecia que, con vistas al turismo y la reactivación económica, han abierto las fronteras antes que España, país que aún no ha tomado una decisión al respecto.