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Yesica Soliz, E.M., Rosa Aguilar, Mary E. Bustillos y otras miles de enfermeras en el país libran a diario batallas contra el coronavirus en las salas de los hospitales del país, pero la mayoría no tienen ítems y en muchos casos ni siquiera el reconocimiento de la población. Ellas arriesgan sus vidas y la de sus familias por ayudar a los pacientes con coronavirus, que llegan a los hospitales en busca de alivio. 

Cuando un paciente muere en los hospitales donde trabajan se sienten atadas de manos al no poder hacer más, porque faltan insumos médicos, equipamiento y hasta personal sanitario. El panorama en los centros médicos de Santa Cruz es gris, porque la mayoría colapsó y los pacientes son atendidos hasta en los pasillos, porque ya no hay espacio para internar a nadie más. 

El drama que viven miles de enfermeras y el sacrificio que realizan fue visibilizado, en parte, por Mary Luz Salazar, enfermera fotografiada en bicicleta bajo la lluvia del lunes, quien manifestó que todo el esfuerzo que hacen es para ayudar a sus pacientes.

E.M. tiene 35 años y trabaja como enfermera en el hospital Alfonso Gumucio Reyes de Montero, centro hospitalario de referencia para todo el Norte Integrado, donde el miércoles perdió la vida otro médico, Felix Arumbary Escóbar, a consecuencia del Covid-19. Relata que al inicio de la emergencia sanitaria atendieron pacientes que no presentaban sintomatología del coronavirus y posterior a sus muertes recién se informaron de su contacto con un positivo. Así fue que muchos profesionales en salud contrajeron el virus. 

Lo más duro que le tocó vivir fue contraer el coronavirus en su trabajo, con el riesgo de contagiar a sus cuatro hijos y a su esposo. Hoy, que ya logró recuperarse y volvió a sus actividades laborales, aún siente las secuelas como dolor de espalda y picazón en la garganta que le dejó la enfermedad.

“La experiencia es algo traumática, porque cuando me enteré que era positivo me entró la depresión. Tenía miedo de que mi esposo y mis hijos estén infectados por el contacto con ellos. Más aún cuando venían a hacerme seguimiento. Fue algo muy fuerte. Quisieron llevarme al centro de aislamiento, pero no acepté porque temía por mi familia si llegaran a enfermar”, relata.

Durante la recuperación en su domicilio particular se sintió discriminada, porque sus vecinos se enteraron que tenía coronavirus por la brigada médica que le hacía seguimiento. “Mis vecinos se enteraron que venían a hacerme seguimiento con trajes de bioseguridad, obviamente llamaba la atención y se imaginaban que uno es positivo. Como la gente ignora lo que uno sufre, hubo momentos en que me sentí discriminada, me sentí mal”, lamenta. 

Esta profesional considera que el rol de las enfermeras es muy poco valorado y la situación en la que trabajan, en muchos casos, es precaria porque la mayoría trabaja con contratos temporales y sin beneficios sociales, sobre todo en las provincias. Ella trabaja hace más de 10 años y no tiene ítem.

Muchas enfermeras trabajan con contratos temporales. Foto: Fuad Landívar

Consultada sobre la situación sanitaria en Montero, ciudad que tiene más casos de coronavirus después de la capital cruceña, responde que la situación es grave, "porque no se sabe qué pacientes son portadores del virus. Hay muchos que son asintomáticos. La situación es incontrolable. Por ejemplo, el miércoles murió el jefe de medicina interna del hospital”.

La enfermera Rosa Aguilar, de 32 años, también contrajo el Covid-19 y fue muy duro para ella alejarse de su pequeña, de casi dos años, para aislarse durante su recuperación. No llegó a internarse, pese a las complicaciones que sufrió en su encierro, sola, con dificultades para respirar. “Fue lo más traumático, además entré en depresión porque un montón de ideas pasaron por mi cabeza y más aun con las noticias de más casos, uno llega a pensar en morir. Tuve insuficiencia para respirar durante dos noches…”, recuerda. 

Ahora que ya está recuperada y volvió a su puesto en el hospital municipal de la Villa Primero de Mayo, valora más la vida, que estuvo en riesgo de perder. Asegura que los factores clave en la recuperación son la detección temprana del virus y tratamiento médico oportuno. Ella solo presentó síntomas como resfrío, pero luego tuvo pérdidas de los sentidos del gusto y del olfato, lo que confirmó sus sospechas de haber contraído el virus. Posteriormente padeció dolor en el pecho, migraña y dificultad para respirar. “Ese mismo día, desde que no sentía nada con la lengua y el olfato, me practicaron la prueba para coronavirus y recibí medicación”, indica. 

Considera que el mayor sacrificio que hizo para cumplir con su labor diaria fue dejar a su niña al cuidado de algún familiar o de una niñera. “Cuando uno da positivo para coronavirus se aísla como medida de bioseguridad, pero esto hace que dejes a tus hijos con familiares, pienso que ese es el sacrificio más grande que una madre puede hacer mientras dure la enfermedad”, refiere. 


Extreman su protección para no contraer el virus. Foto: Fuad Landívar

De enfermera a paciente

Similar historia es la de Mary E. Bustillos, de 32 años, que se formó como enfermera en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (Uagrm) y actualmente trabaja en un hospital de la seguridad social, específicamente en el área de emergencias para pacientes con coronavirus. En el cumplimiento de su labor sufrió un accidente de tránsito mientras se transportaba en bicicleta a su fuente laboral y tuvo que ser intervenida quirúrgicamente por fracturas en su clavícula. “Me sentí frustrada por la desagracia que sufrí, temí por mi vida durante la operación, porque debido a la emergencia por Covid-19 había mucho riego en los hospitales de contraer el virus”, expresa.

Relata que ser enfermera en tiempos de coronavirus implica ver gente que llega en busca de camas para internación por coronavirus, pero no existe espacio, porque todo está saturado. “La gente llega con dificultad respiratoria, con miedo, porque siente que no pueden respirar. Como personal de salud ver eso es doloroso”, cuenta.

Indica que la atención de los pacientes empeora porque las complicaciones a consecuencia del virus son múltiples. “Algunos pacientes requieren oxígeno, pero no basta, porque aparecen otras complicaciones. Si no reciben oxígeno puede haber un paro respiratorio o cardiorespiratorio y eso es lo que provoca el deceso de mucha gente”, cuenta.  

Coincide con E.M. en que muchos pacientes llegar con complicaciones y, por la falta de espacios en terapia intensiva, no hay camas para internarlos. Argumenta que por la saturación del sistema sanitario no se puede dar una mejor atención a los pacientes y en consecuencia a veces son hasta insultadas por los familiares. “Hay que entender que la gente viene con su dolor y angustia de que su familiar está así, pero no piensan que, además, de que el sistema sanitario está colapsado, muchos colegas dieron positivo, el personal queda reducido y los que quedan deben abastecer”, responde.

En su caso, para prevenir un contagio de coronavirus a su hijo de tres años y a su esposo, tuvo que trasladarse a otra vivienda y hace meses que no ve a su pequeño que está bajo cuidado de sus padres. “Lo más doloroso fue alejarme de mi hijo por el temor a contagiarle el virus, porque padece de rinitis alérgica. Gracias a Dios hasta hoy no he contraído la enfermedad”, detalla.

Las enfermeras acompañan a los pacientes en su dolor. Foto: Fuad Landívar

Madre y enfermera a la vez

En palabras de Jessica Soliz, enfermera de 30 años, que también se formó en la Uagrm y trabaja en la Caja Petrolera de Salud (CPS), faltan manos para atender a los pacientes, porque los médicos y enfermeras de primera línea están hospitalizadas con coronavirus o están en aislamiento. También ve que los hospitales colapsaron y no queda un espacio para ingresar nuevos pacientes. “Falta tanto material como personal. Se improvisa. Falta espacio, no hay espacio. Muere un paciente y entra otro al momento”, asegura.

En su opinión, el personal de salud está diezmada en Santa Cruz, porque muchos profesionales murieron por coronavirus y otros están luchando por sus vidas en las camas de los hospitales. “La verdad es muy triste. Lamentable ver colegas profesionales que estaban en esta batalla y que ahora están en una cama, intubados muchos, otros en mal estado”, manifiesta.

Su principal temor es contraer el virus en su trabajo y contagiar a su bebé de dos meses y a su esposo. Después de los turnos de 12 horas extrema las medidas de bioseguridad para prevenirse del virus. Pasar tiempo con la familia también resultó ser un problema en su caso por la falta de tiempo por su profesión y en sus jornadas de descanso, evita salir a la calle y pasa todo el tiempo cuidando a su niña.

El tema económico es otro dolor de cabeza para esta profesional, porque a raíz del coronavirus su esposo de dejó de trabajar y ella mantiene su hogar. Además, tiene una deuda bancaria que pagar.

Pero a pesar de todo, manifiesta que una de sus motivaciones es ver a sus pacientes que se recuperan del virus y el agradecimiento que tienen al personal en salud es infinito.