Opinión

Evo frente a Ecuador, Venezuela y Nicaragua

El Deber 6/7/2018 04:00

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Uno de los principios fundamentales del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas es la obligación que asumen los países de no intervenir en los asuntos internos de las otras naciones y la inviolabilidad de la soberanía de los Estados.

Así como reprochamos las elucubraciones intervencionistas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de analizar la posibilidad de invadir Venezuela por razones de seguridad y para frenar la actual crisis humanitaria, también es cuestionable la actitud sesgada del presidente Evo Morales de interferir en los asuntos políticos ocurridos en varios países de la región, claramente para favorecer a sus aliados políticos. Ocurre así con Ecuador, Nicaragua y Venezuela. 

En el primer país la Justicia ha resuelto procesar al expresidente Rafael Correa por su vinculación en el secuestro, en 2012, del ex diputado opositor Fernando Balba, quien estaba exiliado por razones políticas. Un comando paramilitar ecuatoriano raptó al político ecuatoriano en territorio de un país extranjero, lo que provocó una crisis diplomática de magnitud, pese a que el secuestrado pudo ser finalmente liberado.
La Fiscalía ecuatoriana, en uso de sus legítimas atribuciones, ha pedido la detención internacional de Correa, dado que actualmente reside en Bélgica. El exmandatario asegura que es inocente y que todo forma parte de un complot político impulsado por el actual presidente, Lenín Moreno, su exvicepresidente y hoy su más acérrimo adversario político.

Sin prueba alguna y basado en una interpretación estrictamente ideológica, Evo Morales salió en defensa de Correa y acusó a Estados Unidos de estar detrás del enjuiciamiento de su aliado político. Esta posición ha motivado el reclamo del Gobierno ecuatoriano a través de una nota formal de protesta y la convocatoria a los embajadores de Bolivia y de Venezuela por las declaraciones de sus mandatarios. 

Algo similar ocurre con Nicaragua y Venezuela. Desconociendo la grave crisis política, económica y humanitaria desatada en esos países, entre otros factores, por la feroz represión de los Gobiernos de Daniel Ortega y Nicolás Maduro, que ha ocasionado decenas de muertos y heridos,
Evo Morales mantiene su posición de defensa de sus socios políticos solo porque forman parte de una alianza estratégica sustentada en una visión ideológica común.

Bolivia tiene intereses y asuntos más importantes que defender antes que favorecer a mandatarios que hoy están seriamente cuestionados por la comunidad internacional por gravísimos hechos de corrupción y por flagrantes violaciones a los derechos humanos. Ojalá el presidente Morales reflexione sobre esos excesos y privilegie una agenda diplomática más inteligente que apunte a buscar mercados para los productos bolivianos y mejores relaciones con el entorno internacional.