Escucha esta nota aquí

DW: ¿Qué le preocupa más actualmente como Relator Especial sobre la Tortura de Naciones Unidas?

Nils Melzer: La erosión mundial de los derechos humanos, que va desde China con Hong Kong y los uigures, hasta Rusia, pasando por la violencia policial en EE. UU. y sus ataques a la Corte Penal Internacional. Y desde Siria y Brasil, hasta la crisis migratoria mundial. Eso me preocupa mucho, porque los cimientos del orden mundial actual están siendo sacudidos.

A propósito de Siria: hace dos meses se abrió juicio a personas por crímenes de lesa humanidad en la ciudad alemana de Coblenza, porque supuestamente formaron parte del sistema de tortura en Siria. ¿Qué señal se envía? ¿Está siendo recibida?

Es increíblemente importante que este juicio se lleve a cabo. Siria tiene un espantoso sistema de tortura. Cuando trabajé en la región hace 20 años, yo mismo escoltaba a los prisioneros fuera de las prisiones sirias, y entonces me aterró. Los informes sólo han empeorado desde entonces. Es muy importante sacar a la luz pública este horrible sistema, independientemente de la cuestión individual de la culpa de cada persona. Porque no hay duda de que el régimen de Assad es un sistema de tortura y utiliza los métodos más crueles.

Por otra parte, EE. UU. amenaza con sancionar al personal de la Corte Penal Internacional de La Haya si investigan a soldados estadounidenses. Donald Trump firmó un decreto a tal efecto hace dos semanas. ¿Qué clase de señal envía esto?

Es, por supuesto, una señal desastrosa, especialmente porque Estados Unidos es el país más influyente del mundo en términos económicos, políticos y militares. Después de la Segunda Guerra Mundial, EE. UU. abrió los Juicios de Núremberg y Tokio. Fueron pioneros en el derecho penal e internacional. Y si EE. UU. no está preparado para ser considerado responsable de crímenes de guerra de los que hay pruebas que ni siquiera son cuestionables, tenemos un gran problema.

Lo vemos en la negativa a perseguir la práctica sistemática de la tortura por parte de la CIA, que incluso ha sido investigada y confirmada por el propio Senado de EE. UU. Lo vemos en la negativa a enjuiciar los crímenes de guerra estadounidenses, si es necesario, por parte de las instituciones internacionales. Esto da un muy mal ejemplo: vemos que Israel o incluso Gran Bretaña -es decir, los aliados tradicionales de Washington- van en la misma dirección, y tratan de proteger a sus propios miembros del Ejército de ser enjuiciados por crímenes de tortura.

Hace casi exactamente 10 años que Wikileaks publicó el video "Asesinato Colateral", en el que se ve cómo soldados estadounidenses disparan desde un helicóptero contra heridos desarmados y matan a socorristas y dos periodistas de Reuters en Bagdad. Los francotiradores y sus superiores que los protegen no han sido acusados. Pero sí Julian Assange. ¿Cómo se interpreta esto?

Tenemos que reflexionar sobre lo siguiente: ¿cuál es la legitimidad moral de un Estado que no persigue a sus propios criminales de guerra? Vemos en las imágenes a gente herida que es masacrada, y oímos a los soldados hablar de cómo les disparan deliberadamente a los heridos. ¡Esto es, sin duda, un crimen de lesa humanidad! Si aún teniendo las evidencias los Estados no llevan a los asesinos a juicio, pero sí amenazan con 175 años de prisión a quien revela los crímenes de guerra. Entonces estamos ante un problema fundamental. Debemos preguntarnos si aún se puede decir que EE. UU. es un Estado de derecho.

Hablando de Estado de derecho, desde febrero, el juicio de extradición contra Julian Assange se lleva a cabo en Londres. ¿Cree que eso cumple con los requisitos legales?

¡No, por desgracia no! Eso es algo que me sorprende, porque yo mismo soy profesor en una universidad británica en Glasgow, y siempre he tenido un gran respeto por el sistema judicial británico. Pero en el caso de Julian Assange, el Estado de derecho está siendo simplemente socavado: Assange no tuvo la oportunidad de preparar su defensa adecuadamente. Esos son sobreentendidos, medidas que no se le niegan siquiera los peores criminales de guerra, pero se le niegan a Assange. No tiene contacto con sus abogados estadounidenses, mantiene contacto muy limitado con sus abogados británicos y casi no cuenta con acceso a documentos legales. Se trata de violaciones de procedimiento extremadamente graves y sin justificación.

Usted mencionó la tortura en el caso de Assange. ¿En qué consiste esa tortura?

No se puede, por supuesto, comparar una prisión siria con una británica. La tortura es un término amplio que no sólo se refiere a los métodos de tortura física, sino que también incluye la tortura psicológica. Julian Assange fue examinado por dos médicos especialistas, quienes concluyeron que Assange presenta todos los síntomas típicos de la tortura psicológica a largo plazo: estados traumáticos y crónicos de miedo y estrés, así como consecuencias congénitas y neurológicas de la combinación de aislamiento severo y constante arbitrariedad, humillación y amenaza. No debemos olvidarlo: políticos de EE. UU. lo han clasificado como "terrorista", y algunos han exigido su muerte. Assange también teme, con razón, las condiciones de las prisiones de alta seguridad de EE. UU., conocidas mundialmente como crueles y degradantes.

Su fuerte aislamiento y la arbitrariedad de los procedimientos judiciales contra él, ya sea en Suecia, Gran Bretaña, Ecuador o Estados Unidos, tienen un efecto acumulativo, que produce los mismos síntomas que la tortura psicológica sistemática.

¿Por qué estás tan comprometido con Julian Assange cuando hay cosas peores en muchos lugares del mundo?

El "caso Assange" no solo se refiere a su persona, sino principalmente a los crímenes de sus perseguidores, los Estados que están socavando las instituciones del Estado de derecho. Con el enjuiciamiento de Assange, existe el riesgo de establecer una norma por la cual los Estados pueden mantener sus propios delitos en secreto y no tener que rendir cuentas por ellos. Si es práctica se impone, solo falta un pequeño paso para que el Estado de derecho se convierta en tiranía.

El suizo Nils Melzer es Relator Especial de Naciones Unidas sobre la Tortura desde 2016. Melzer perteneció durante 12 años del Comité Internacional de la Cruz Roja en numerosas zonas de crisis.