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OPINIÓN

La verdad, la fe, el sacrificio y la esperanza

26/6/2020 06:22

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Por: José Francisco Suarez Guzmán 

* Especialista en Ciencias de la Educación y en Prevención de Conflictos

La filosofía del Cristianismo, nos conduce a pensar que la vida humana debe ir en búsqueda de la verdad -aunque bien sabemos que no hay verdades absolutas-, la misma que requiere de voluntad, convicción y sobre todo de mucha fe en lo que cree y en lo que quiere. Los acontecimientos que marcan la realidad, pueden malinterpretarse, camuflarse, mimetizarse u olvidarse,  pero la fe es única, inmutable y absoluta, y debe ser el motor permanente, para que nunca podamos perder la esperanza. Es por eso que su  defensa se la hará con vigor y coraje, aún con el sacrificio de la propia vida - como Jesucristo lo hizo-. Solo, así se logrará plenitud y contenido a la existencia humana. En la senda del camino, es donde podremos cambiar nuestro destino, y es imperioso que busquemos compañeros de ruta idóneos, impregnados de amor y confianza para abrigarnos y fortalecernos, y así  llegar a un solo objetivo superior y enaltecedor, al controlar el equilibrio personal, al substanciar la razón, buscando sobre toda las cosas el bienestar general. La certidumbre de las causalidades de la vida determinan que el futuro es incierto, por eso es que el presente, debe ser promisorio, activo, dinámico y comprometido. Debemos buscar siempre, la luz de la verdad, que nos llevará a la ansiada libertad, que será la única, que romperá las cadenas de la esclavitud y del ultraje.

"Jesucristo murió, para redimir los pecados mundo" - existen personas que no creen, la magnitud del sacrificio - pero es muy inspirador el no dudar, porque proviene de un ser que manifestó humildad, credibilidad, excelsas virtudes, éticas y morales y que lucho contra un poder despótico, omnímodo y omnipotente, estacionado en una sociedad, corrompida y llena de maldad y avaricia...., los enfrentó a ambos, esgrimiendo, un pensamiento y palabra, lejos de odios y  rencores, pero sin ataduras ni mordazas, y un solo sentimiento: el amor.

Por la vida de Cristo, nos adentramos en los senderos de la buena aventuranza y del sacrificio, que es una virtud, practicada todos los días por los padres y madres del mundo y que  está encarnado en el espíritu de todos ellos, significando con esta conducta suprema, a muchos renunciamientos mundanos, solo  por los hijos.

Este sacrificio permanente, generalizado e inclaudicable, de los padres nos induce a creer, que podría ser la base y el cimiento, para establecer un sentido de humanidad más solidaria, sobre todo, si ese estado de plenitud del espíritu se puede trasmutar o proyectar, en la conducta de los políticos, insuflándoles de aires renovados, de solidaridad y de sacrificio, puesto al servicio de la colectividad.

Debemos renunciar a lo denigrante, de nuestra naturaleza oprobiosa y malsana, para que aflore un espíritu renovado de respeto al prójimo, así sea ‘moro’ o cristiano’ porque solo así, llegaremos a esa ilusión metafórica del: "buen vivir" que, lejos de establecer riqueza y poder, se trata de vivir en equilibrio, en  paz y felicidad. La hidalguía y la caridad cristiana deben estar presentes, y evitar los misterios y oscuridades obscenas. La existencia humana, debemos enfrentarla, con amor y bondadosa tolerancia.