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OPINIÓN

La madre de todos los males bolivianos: la corrupción

26/6/2020 06:31

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Por: Franklin E. Alcaraz Del C1.

No es nuevo. Todos los bolivianos estamos asqueados de la corrupción. ¿Por qué persiste? Aparece un candidato que jura, rejura y requetejura que luchará contra la corrupción...y sus dependientes, con la señal de la cruz y la mano en la Biblia, jurando por la Patria y “lo más sagrado” … roban, extorsionan, mienten, engañan… en fin. ¿Que antes “también había corrupción”? ¡Claro que sí! ¿Quién lo niega? Que la corrupción del MAS fue descarada, sucia, cínica y probablemente la más grande de la historia de Bolivia. Claro que sí. ¿Alguien puede meter la mano al fuego por ese conglomerado de corruptos? No creo. Ni los mismos masistas. Entonces ¿qué falta? ¿Leyes contra la corrupción? Tampoco creo. Tenemos, por ejemplo, desde el 7 de febrero de 2009, un Ministerio de Transparencia Institucional y Lucha contra la corrupción” (DS N.º 29894) o, desde el 22 de julio del mismo año, tenemos también una Política Nacional de Transparencia y Lucha contra la corrupción (DS N.º 0214); tenemos la Ley 004 del 31 de marzo de 2010 de Lucha contra la corrupción, enriquecimiento ilícito e investigación de fortunas ´Marcelo Quiroga Santa Cruz’. Paradójicamente, el gobierno probablemente más corrupto, promulgó todas las leyes y disposiciones anteriormente mencionadas, que además las cita para dejar establecido que fue el gobierno que luchó más contra la corrupción. Para aclararlo: no funcionó. Punto. Hay más disposiciones anteriores que, a la luz de los hechos, tampoco funcionaron. ¿Qué falla entonces?

No hace mucho, hacíamos nuestras compras, con mi esposa, en el mercado Abasto de Santa Cruz. Delante de nosotros, iba una pareja con un niño de unos 11-12 años de edad. De pronto el niño levantó un walele (plátano) de una vendedora distraída. Le mostró a su papá: “Papá, papá, mirá, mirá, me levanté ejte walele de acá…” Y el papá: “Qué bien hijito, comételo”. El padre, y la madre que miraba con indiferencia, sabían que el niño había robado el walele, pero lo que dijeron fue estremecedor: “Qué bien hijito…” ¿Se darían cuenta que estaban (¡están!) formando un corrupto en potencia? ¿No era su deber hacer que el niño, por nimio que parezca, devuelva el walele pidiendo disculpas? ¿No debían los padres decirle al niño, por lo menos: “Hijito eso no se hace”?

No son solo las leyes las que nos sacarán de la corrupción. Es, pero tampoco solo, la educación también.  Y no solo la educación digo, porque, si la educación se la aprende en casa, debe consolidarse con la instrucción en la escuela. Porque la presión de grupo en la escuela (de los amigos) en los colegios y universidades es increíblemente fuerte, como lo saben psicólogos y psiquiatras. La presión de pares (así se llama técnicamente) es capaz de destruir lo aprendido en la familia.

¿Y en el colegio y las universidades? ¿Se aprende ética, por ejemplo? Ah, no. ¿Los abogados? ¡Ups! Creo que ahí toco un tema sensible y sin decir absolutamente nada, creo que todos saben de lo que hablo. Y otra vez, no solo los abogados. Todos los profesionales. ¿Qué falla entonces? Ya va apareciendo la mayor deficiencia. Si. la educación y la instrucción son la mayor deficiencia que tenemos.

Así que, si el sistema de justicia es lo más podrido que tenemos, su completa reestructuración no va a solucionar el problema, si no va acompañado de un fuerte programa de educación e instrucción a todo nivel. Pero sobre todo en los hogares, las familias, la escuela, el colegio, las universidades, las instituciones, en fin, todo y en todas partes. Lo que frenó, frena y frenará el progreso del país, es la corrupción. La corrupción es la madre de todos nuestros males.

Franklin E. Alcaraz Del C. es Médico, investigador, ensayista y escritor