Escucha esta nota aquí

Los polacos serán llamados a las urnas este domingo para la primera ronda de las elecciones presidenciales. La consulta, originalmente programada para mayo, fue finalmente pospuesta después de un embrollo legal y político por el brote de coronavirus. Once candidatos están en la carrera. El presidente saliente Andrzej Duda, candidato del partido gobernante, el Partido de la Ley y la Justicia (PiS), parece ser el favorito para esta primera vuelta, pero no se espera que evite el balotaje, que promete ser muy abierto.

En medio de la epidemia de coronavirus, el Partido de la Ley y la Justicia (PiS) habrá intentado a toda costa celebrar las elecciones en la fecha prevista del 10 de mayo, cuando la popularidad del jefe de Estado saliente estaba en su punto más alto. Pero la organización de un voto por correo, en pleno confinamiento y en ausencia de una verdadera campaña para los candidatos de la oposición, provocó una feroz controversia, incluso entre los aliados del Partido de la Ley y la Justicia (PiS). "El carácter un tanto alucinante de la organización de esta primera vuelta, impuesta por correo, cuando esta disposición no había sido prevista, provocó cierto desasosiego en varios actores políticos, incluso en el seno de la mayoría", explica Jérôme Heurtaux, director del Centro Francés de Investigación en Ciencias Sociales (CEFRES) de Praga y autor de “1989 en Europa del Este”. Una memoria controvertida (Editorial Aube)

De hecho, la organización de esas elecciones privó a los candidatos de la oposición de la posibilidad de hacer campaña viajando por el país para celebrar actos públicos. "En medio del confinamiento, como presidente titular, Andrzej Duda fue único candidato que pudo hacer campaña. Apareció ante el público como un presidente en el frente", dice Valentin Behr, doctor en ciencias políticas e investigador postdoctoral de la Universidad de Varsovia. "Los muy buenos sondeos para el presidente saliente se vincularon entonces a un contexto específico, pero una vez terminado el confinamiento, se reanudó la competencia política y los sondeos se reequilibraron", explica.

Mientras tanto, el candidato del principal partido de oposición de centro-derecha PO (Plataforma Cívica), Małgorzata Kidawa-Błońska, ha tirado la toalla y ha cedido el paso al dinámico alcalde de Varsovia, Rafał Trzaskowski. "Entró en la campaña de una manera mucho más ofensiva, con declaraciones bastante duras comparadas con los medios públicos, que claramente hacen campaña por el PiS y Duda. Se metió en la campaña diciendo que iba a ganar. Se presentó de una manera más dinámica que Małgorzata Kidawa-Błońska, que nunca logró concitar la atención", dice Valentin Behr.

Oposición revigorizada


Con la llegada de Rafał Trzaskowski, la situación ha cambiado, analiza Geroges Mink, director de investigación emérito del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica de Francia) y profesor permanente del Colegio de Europa en Varsovia. "Este candidato es mucho más eficaz, más creíble, representa a una generación más joven de políticos y tiene experiencia gubernamental e internacional a sus espaldas. El profesional de la política de 48 años, políglota, que ha sido miembro del Parlamento Europeo, también fue ministro en el gobierno de Donald Tusk. Los dos principales candidatos tienen la misma edad", comenta Heurtaux, "y sin embargo Andrzej Duda parece claramente mucho más viejo, tanto por la gente que lo rodea en las reuniones como por su forma de ser, que podría alejarlo de algunos de los votantes polacos”.

La oposición liberal está creciendo gracias a la candidatura del alcalde de Varsovia. Rafal Trzaskowski no escatima esfuerzos sobre el terreno y está atravesando el país. Gracias al cambio de candidatura, "el electorado tradicional de la Plataforma Cívica, urbano, educado, moderno, pero apegado a las tradiciones, ha vuelto", señala Georges Mink. Tendrá que echar mano a un discurso más amplio en la segunda ronda: "Rafal Trzaskowski es a la vez moderno en términos de moral, por ejemplo, firmó la carta LGBT, convirtiéndose así en el blanco de los ataques de su oponente, pero también está a favor del respeto de la tradición nacional, no es un revolucionario, ni mucho menos”.

El principal competidor del presidente saliente es una sociedad polaca conservadora, muy apegada a las tradiciones y la religión católica. "No se trata de un candidato totalmente radical, con un nuevo proyecto político, pero encarna una cierta novedad en contraposición con un régimen que, desde hace varios años, ataca las libertades", analiza Jérôme Heurtaux.

Derecho de veto

Durante la campaña, el candidato de la Plataforma Cívica prometió desempeñar un papel de contrapoder, aprovechando plenamente el "derecho de veto e iniciativa legislativa" concedido al Presidente de la República en Polonia. Esta es la principal cuestión que está en juego en estas elecciones, subraya Georges Mink: "En el sistema constitucional polaco, el poder del presidente no es exorbitante, pero existe realmente. Si el presidente elegido es un presidente de la oposición, puede bloquear toda la política imaginada por el Partido de la Ley y la Justicia y su presidente Jaroslaw Kaczynski, que consiste, en particular, en neutralizar el poder judicial y quitarle su autonomía. Eso es lo que realmente está en juego y la movilización del electorado se trata de eso. Como el PiS no tiene una mayoría de dos tercios para anular un veto presidencial, la victoria de un candidato de la oposición significaría el bloqueo de textos controvertidos y de la acción del gobierno, subraya Valentin Behr.

"Hay un conjunto de reformas que el PiS quiere hacer, sobre todo a nivel del funcionamiento del Estado, que corre el riesgo de ser bloqueado por una presidencia de Trzaskowski”, añade.  Los europeos han denunciado repetidamente las reformas del gobierno polaco, en particular las del sistema judicial, que consideran que socavan la democracia. Al hacer campaña bajo el lema "Ya basta", Rafal Trzaskowski se comprometió a reparar los lazos con Bruselas.

Según las últimas encuestas, el jefe de Estado saliente ganaría fácilmente la primera ronda el domingo, pero sus posibilidades de ganar la segunda ronda se estiman en un 50%. El juego queda por lo tanto muy abierto, señala Jérôme Heurtaux: "Esta es una buena noticia para la democracia polaca”.