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Hace tres meses que Rajib Cheikh no cobra su salario. Desde hace poco su patrón ya no le da ni de comer. Por primera vez este bangladesí que vino a Irak para alimentar a los suyos tuvo que pedir dinero a su familia.

Como este pastelero de 26 años, que llegó hace siete años a Basora, hay miles de trabajadores inmigrados procedentes de Asia, bloqueados en un país donde ya no tienen trabajo ni medios para irse.

"Por lo regular enviamos dinero a nuestro país", dice a la AFP el joven, que se hace llamar Mohammed, pues a sus patrones les parece un nombre más fácil de recordar.

Nafis Abbas dejó su familia en Pakistán. Sastre de 32 años, solo hace unos días pudo abrir el negocio de su empleador, "Sastre para hombres y mujeres" como proclama el aviso luminoso encima de la inmensa vitrina.

Antes de eso, estuvo cerca de cuatro meses sin actividad a causa del confinamiento decretado ante la epidemia de Covid-19, que mató oficialmente a 1.600 iraquíes.

Ahora que Irak vive la peor crisis económica de su historia reciente, entre epidemia y caída de los precios del petróleo, Nafis Abbas piensa que ya no hay futuro en este país.

Solo unas monedas 

"Quiero regresar a mi país, pero tengo solo unas monedas. Un vuelo para Pakistán cuesta 700 dólares (unos 620 euros) y no tengo ni 1.000 dinares (menos de un euro)", se lamenta.

Munjurul Islam también perdió todo. A los 30 años de edad, de los cuales nueve pasados en Irak, este bangladesí acudió a la embajada de su país. "La embajada nos contactó y nos propuso un lugar donde dormir y comer".

El diplomático bangladesí Mohammed Rezaul Kabir vio como degeneró la situación. De los 250.000 bangladesíes registrados en Irak, "más de 20.000 perdieron su empleo", afirma a la AFP.

Signo de la gravedad de la situación, el sector más prometedor para los asiáticos en Irak, las compañías petroleras y una cantidad de subcontratistas que les suministran bienes y servicios, comenzaron a reducir drásticamente sus efectivos.

"Algunos fueron despedidos sin recibir su salario", afirma Kabir, quien dice que ya recibió en Bagdad a "más de 9.000 bangladesíes que perdieron su empleo en una compañía petrolera".

"Quieren que los ayudemos a regresar, pero es caro y sería necesario fletar muchos aviones", dice.

Según la Organización Internacional de Trabajo (OIT), cuatro empresarios de diez reconocen haber hecho despidos y la mayoría dice que no tiene esperanzas de recuperar la actividad de antes de la pandemia.

Anuncio de lo peor por venir 

Salem Ahmed, que tiene varios restaurantes, evalúa sus pérdidas en "unos 20.000 dólares al mes", lo que pone en riesgo a 80 empleados, entre ellos 12 extranjeros que vinieron de Bangladés o Egipto, que aun puede pagar pese a la reducida actividad. A causa del Covid-19, solo los suministros están autorizados.

Gracias al sector informal Mohammed Fadel Alhaq, de 49 años, pudo alimentar a su familia durante años en Bangladés. Cada mes o casi, él encontraba empleo en una tienda o un supermercado.

Los trabajadores asiáticos son muy buscados. "Cuestan menos y trabajan más que los locales", aseguran con unanimidad sus patrones.

"Ahora todo está cerrado a causa del coronavirus", dice Fadel Alhaq. Y entonces no hay más trabajo para los asiáticos.

Y ahora que las proyecciones anuncian una contracción de la economía de 10% en Irak, estos meses serían solo sería un anuncio de lo peor por venir.