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La carrera electoral ha comenzado. El calendario está en marcha y, aunque las campañas están previstas para fines de julio, estas ya se iniciaron y, por ahora, se basan en el descrédito del adversario antes que en la competencia de propuestas para ejecutar durante el próximo quinquenio.

El proceso se llevará de manera inédita. En medio de la pandemia de coronavirus y con la proyección de que el 6 de septiembre habrá 130.000 contagios en el país. El miedo puede ser uno de los peores enemigos del ejercicio del voto en Bolivia, lo que es tremendamente complejo si se toma en cuenta que estos comicios deberían reflejar la voluntad de la mayoría de los bolivianos y no de una parcialidad, la que vaya a las urnas, a pesar de la incertidumbre.

La responsabilidad recae en el Órgano Electoral Plurinacional, en primera instancia, pero también y con gran peso sobre las espaldas de los candidatos a la Presidencia de Bolivia. Su conducta en esta etapa debería ser motivadora y no desalentadora del ejercicio del poder del voto.

Dando vueltas sobre el mismo eje, Bolivia en este momento atraviesa no solo una aguda crisis de salud, sino también en lo económico, dejando una larga estela de problemas que pasan por el desempleo, la falta de liquidez para el consumo, el agobio de empresas que están asfixiadas porque no pudieron producir durante la cuarentena y el temible incremento de los índices de pobreza. Tanto el Covid-19 como el final de la bonanza de precios internacionales, que se terminó en 2014, plantean una nueva realidad y es éste el momento en que los postulantes a presidentes deben mostrar cuál es su plan para encarar el nuevo escenario.

De acuerdo al cronograma electoral, la etapa de presentación de programas de Gobierno pasó antes de la pandemia. Las miserias ahora expuestas eran latentes en ese momento. En pocos meses, la realidad es otra. La salud, que era apenas mencionada, ahora es determinante para el país y para cualquier estrategia gubernamental. La economía está en una profunda crisis de la que se no se saldrá en corto tiempo. Entonces, es correcto demandar que los aspirantes a mandatarios presenten planes concretos, que dejen de criticar al que está en frente y pongan sus mentes a trabajar en lo que quieren hacer con este país.

Mientras se mantenga la fecha de las elecciones para el 6 de septiembre, es deseable que los candidatos sean coherentes con la necesidad real de los bolivianos. No obstante, también es preciso que la salud -que es un derecho fundamental establecido en la Constitución- sea el faro que ilumine las decisiones, sobre la base de evaluaciones respecto al avance del coronavirus en el país. El Tribunal Supremo Electoral tiene una responsabilidad mayúscula en este momento.