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Santa Cruz: ¿Cómo vamos?

Carlos Dabdoub Arrien 29/6/2020 03:00

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Las encuestas y la opinión general sólo expresan pesadumbre y tristeza. No es para menos. A la fecha, nuestro departamento se está acercando a las 20.000 personas contagiadas (más del 50% del total nacional), sin contar los casi 5000 casos altamente sospechosos, verificados en el rastrillaje ya realizado a ocho distritos de la ciudad. Los hospitales están colapsando. Por otro lado, ya han fallecido cerca de 400 personas. Ello significa que un mínimo de doce mil familiares, amigos o colegas lloran sus partidas. Frente a estas cifras, eureka, surge la descabellada e inmoral tozudez de planificar elecciones nacionales para septiembre, mientras el pueblo lucha denodadamente por su salud y contra el hambre y más aún, cuando expertos certifican que todavía no ha llegado lo peor de la pandemia.

Sobre la estrategia a seguir para enfrentar la Covid-19, las ciudades en el mundo han tomado planes diferentes según sus propias realidades, pues toman en cuenta su extensión territorial, el número de habitantes, el nivel adquisitivo de su gente, la fortaleza del tejido social organizado, la calidad educativa y cultural del vecindario y finalmente, la solvencia tanto económica como administrativa de los gobiernos, sean nacional o subnacionales. Bajo estos parámetros, la experiencia de Guayaquil, es la que se asemeja más a Santa Cruz de la Sierra. 

Existen dos pilares importantes para enfrentar a la pandemia. Uno asienta en el plano sanitario. Aquí se contemplan el equipamiento, uso de medicamentos según protocolos establecidos, número de camas y recursos humanos en el sistema sanitario, brigadas médicas, así como las pruebas de diagnóstico, entre otros requerimientos, como la telemedicina, donde ya participan voluntarios, como Unifranz. Con la intención de disminuir el retraso en el diagnóstico y atención de las personas, en esta área es donde actualmente apuntan la mayor parte de los esfuerzos cruceños.

Sin embargo, hay otro campo de acción, no menos importante que el anterior. Me refiero a la dotación de alimentos, particularmente a los hogares donde se detectan personas altamente sospechosas o con diagnóstico confirmado, permitiendo así que la gente respete adecuadamente este encierro. Para darnos cuenta del impacto de esta actividad, basta pensar que cada enfermo -sintomático o no, tiene la capacidad de contagiar a otras cuatro personas o más. En consecuencia, no se trata de un acto de caridad, sino de una medida importantísima para luchar contra la pandemia. Por tanto, este apoyo también es esencial, de lo contario, nunca alcanzaremos a tener suficientes establecimientos de salud, sean de primer, segundo o tercer nivel.

En ambos campos de acción -sanitario y de aislamiento-, y como toda crisis colectiva, prima un hecho fundamental. Se trata de la unidad entre autoridades y sociedad civil, que inicialmente no se cumplió. Ahí se perdió una gran oportunidad. Finalmente, y luego de diversas críticas, creo que este error se ha enmendado parcialmente, aunque todavía existen instituciones sociales que inexplicablemente no se han pronunciado. El segundo principio se llama coordinación, que no se consigue o no se lo alcanza cuando existen liderazgos que actúan de manera personal, que a veces aparentan ser de tipo electoral.

En el caso del soporte alimentario conducente a los sectores vulnerables de la ciudad, se perciben muchos apoyos aislados que son dignos de destacar. También se escuchan los aprietos que encuentran este sano propósito. Reclaman dispersión de esfuerzos por falta de una mejor conexión, información incompleta de algunas autoridades para distribuir dichas donaciones a barrios que no reciben apoyo gubernamental.

Propongo la conformación de un “Comité contra el hambre”, que reúna a todas las organizaciones que busquen este objetivo, para una mejor coordinación. Sumado al apoyo de instituciones y personas, también sugiero que el municipio desembolse los recursos económicos suficientes, con el descargo posterior correspondiente.

Alentamos que a futuro se consigan llegar a todos los hogares más necesitados, siempre que exista voluntad gubernamental. Los barrios populares así lo reclaman.