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El horno crematorio municipal entró en funcionamiento el sábado pasado y, en pocas horas, su capacidad se vio rebasada por la acumulación rápida de los cuerpos de personas fallecidas por Covid-19 en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.

Este servicio de la Alcaldía cruceña, al igual que los entierros exprés, está dentro del protocolo oficial del Sedes para deshacerse de los cadáveres lo antes posible y así evitar los tradicionales velorios que puedan ser puntos de contagio de la letal enfermedad.

No solo el horno municipal está lleno por la alta demanda, sino también los dos crematorios particulares que funcionan en la capital cruceña. Por ejemplo, uno de estos centros, situado cerca de Satélite Norte, tenía supuestamente en su lista 50 cuerpos a la espera de un espacio.

Este horno empezó a funcionar durante la pandemia. Es un emprendimiento privado a bajo costo para suplir la necesidad. Un vecino que contrató este servicio reveló a EL DEBER que pagó Bs 4.000 por la incineración de su padre en un aparato que literalmente es un contenedor.

“Pagué Bs 4.000, pero no gasté más; en realidad sale más barato, porque no hay que comprar cajón ni el nicho ni hay que hacer otros gastos de entierro. El horno crematorio funciona en un contenedor que tiene una chimenea y no dejan acercarse a nadie”, dijo M.S.

“Estamos saturados hasta el miércoles. Ahora hay 10 cuerpos a la espera. La cremación tarda tres horas como mínimo por difunto y el horno tiene que dejar de funcionar ocho horas cada tres o cuatro días de trabajo continuo, según las explicaciones técnicas”, indicó Ronald Romero, director de los cementerios municipales.

Ante la saturación del servicio, el municipio está dando la opción a los dolientes de espacios en fosas individuales en los cementerios urbanos, de forma gratuita, al igual que la cremación.

Miguel Salvatierra Pereira, vicepresidente de la Asociación de Funerarias de Santa Cruz, con 47 afiliados, corroboró que la saturación en los hornos crematorios es extrema. “El que está cerca de Warnes está con 50 cuerpos que tiene que cremar y dejará de recibir otros pedidos hasta el próximo jueves”, aseguró, indicando que él conoce la situación por el servicio funerario que presta su propia empresa.

Se padece en los trámites

Una familia gastó un poco más de Bs 6.000 para sepultar al abuelo, no sin antes peregrinar y rogar a los funcionarios designados para facilitar el trabajo, para que se presenten a verificar el tipo de muerte del ser querido, como señala el protocolo del Sedes.

“Los policías deben ir a la casa a comprobar si la persona murió por Covid, pero nadie contesta a los números que ofrecen las autoridades y uno no sabe qué hacer con su muerto. Gracias a Dios, por la amistad con un coronel de la Policía, logré que enviara a mi casa a unos agentes. Luego, nos aconsejaron hacer el acta de oposición para no ir a la morgue y acelerar un poco el trámite”.

“Después, fuimos por el certificado de defunción al centro de salud más cercano y nos topamos con una cola inmensa, porque hay un solo médico para todo. Sin ese certificado de óbito, la funeraria no se mueve. En el cementerio tenemos un espacio, pero los que trabajan en la excavación cobran el doble cuando saben que el muerto es por Covid-19; es decir, Bs 1.000 en vez de Bs 500”, se quejó Joaquín Luna.

Asimismo, Luna dijo que la funeraria, que normalmente cobra Bs 3.000, subió a Bs 5.000, porque requieren de equipos de bioseguridad para cumplir sus servicios.