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Son más de 100 días que salen cada mañana a buscar alimentos y donaciones para entregar en las zonas más necesitadas. Los trajes de bioseguridad y las máscaras de protección ocultan sus rostros. Son anónimos que, a diario, recorren la ciudad para completar ollas comunes o repartir kits de alimentos a familias. Llegan a los barrios cargando la esperanza en bolsas de comida y regresan con un sentimiento de agradecimiento y dolor entremezclado.

La directora de Plato Lleno, Gabriela Molina, plantea la coordinación de todos los voluntariados para unir esfuerzos y organizar las ayudas. Mira a Guayaquil, la ciudad ecuatoriana que impactó al inicio de la pandemia por las imágenes de cadáveres abandonados en las calles y que lleva ya 21 días sin contabilizar fallecidos por Covid-19, y quiere replicar el mismo modelo de acción. El camino, para Molina, está en aplicar una estrategia similar.

"Con la ayuda recibida vamos más de 50.000 personas beneficiadas con las ollas comunes. Ahora, después del rastrillaje, estamos centrando la atención en colaborar a las familias con Covid positivo". Esta semana se han entregado más de 5000 kits. Son familias con varios integrantes y en cada una se dejan 4 o 5 kits.

¿Es sostenible esta ayuda voluntaria?

No es sostenible por que no hay una estrategia. Al inicio, cuando comenzamos a ayudar, fueron varias iniciativas que se sumaron. Estaba el bono, el Banco de Alimentos, las organizaciones civiles. Llevamos más de 100 días y ya no se le puede pedir a todo un pueblo que se quede en casa sin estrategia, sin ningún tipo de esperanza ni solución, sin medicamentos ni alimentos. El bono ya no existe, la ayuda de las bolsas solidarias que la Gobernación, junto a CAINCO y la sociedad civil, repartieron tampoco existen y nosotros no abarcamos para ayudar a toda la gente que lo necesita.

¿Qué motiva a un voluntario para involucrarse en acciones de solidaridad que los implican en situaciones de riesgo?

No hay manera de olvidarse lo que estamos viviendo. Entras a un barrio y ves que la gente llora de verte llegar porque no ha comido en dos días. En sus ollas se nota que solo han comido arroz hervido. Ves a cantidad de niños, mamás embarazadas, personas mayores que están pasándola muy mal. Ellos agradecen muchísimo la ayuda que se les entrega. No hay manera de no levantarse cada día para hacer todo lo necesario y salir si sabes que hay gente que no va a comer si no vas. Es la motivación más grande.

Queremos que todos estén bien y sanos. Es el derecho humano más básico, poder alimentar a tu familia. Vemos que la necesidad y el trabajo que hacemos es importante porque hay familias que no se alimentan, no comen. Una enfermedad les encuentra aún más débiles, peor ahora en tiempos de invierno.

¿Qué papel juegan los ciudadanos para mitigar las necesidades que se viven en los barrios?

¡Los ciudadanos han hecho tanto! Han donado, se han involucrado, han creado plataformas para ayudar. Desde Respira Bolivia, con sus respiradores, hasta plataformas para ubicar familias con necesidad, ahora familias con Covid. Los ciudadanos se movilizan, se organizan de manera inmediata, sin burocraciaSon mucho más eficientes en su ayuda. Están pendientes en redes para compartir los pedidos, las solicitudes de ayuda, también fiscalizando y observando la coyuntura política. El ciudadano común ha sorprendido con sus ganas de ayudar.

La coordinación público-privada ha permitido que en Guayaquil se contenga la curva de contagios.

¿Por qué urge una alianza entre instituciones y empresas para controlar la pandemia en la ciudad?

Es evidente que la ayuda alimentaria no ha sido parte de la estrategia para combatir el virus. Ese ha sido un grave error. La ayuda esporádica no permite que la gente se quede en su casa. Esté obligada a salir. Por eso es que se ven tantos contagios las últimas semanas. La gente ha salido a buscar el pan de cada día. Además, no es el único gasto que tienen, hay que pagar alquileres y  medicinas. La labor de las asociaciones civiles que entregan alimento no es sostenible, no se puede llegar a todas las personas a la vez sin una estrategia.

La gente que está bastante grave no cumple el distanciamiento social porque deben acudir a las ollas comunes o a buscar medicinas. Viven en casas donde residen 10, 15 o hasta 20 personas. Si hay un familiar enfermo se eleva muchísimo el nivel de contagio. La estrategia pasa por dar alimentos a todas las personas que estén con algún enfermo en casa para que no salgan. También se debe incluir medicamentos y tratamientos para estas familias.

¿Qué hace falta para consolidar un plan conjunto de operaciones sostenible en el tiempo?

Guayaquil es digno de admirar. Quisiéramos ver algo parecido en Santa Cruz. En el país hay muchas iniciativas, pero cada uno está por su lado. Unir fuerzas sería el primer paso. El segundo, identificar y tener estrategias. Quedarte en tu casa más de 100 días no puede ser el único plan. Al comienzo era prioritario mientras las autoridades equipaban hospitales y se organizaban para traer respiradores y medicamentos. Al inicio era la estrategia para dar tiempo, pero eso nunca ocurrió. Sin medicamentos, sin alimentos, sin doctores, la gente va a salir y eso hace que nuestra curva se dispare.

Es importante lo de Guayaquil porque no fue política; fue la sociedad civil y el sector privado. Por supuesto que el Gobierno los respaldó con todo el apoyo, pero se hizo a un lado. Les dio todos los recursos disponibles y los dejó trabajar. Incluso se coordinó con la iglesia católica. Invirtieron millones de dólares en la fase uno para que todos se queden en casa mientras se hacía el rastrillaje con pruebas rápidas. Identificaron realmente quién estaba enfermo para que los doctores lleguen a esas casas y atiendan a los enfermos. Eso permitió frenar el colapso de los hospitales.

Los políticos entendieron y se pusieron en su lugar, dieron lo que tenían que dar. El sector privado se organizó y logró recaudar los millones de dólares en fideicomiso que lograron colocar para alimentar a la población.

Hace falta cumplir la ‘receta de Guayaquil’ con información clara y trasparente. Sin estrategia no hay posibilidad de esperanza. Solo un reporte diario de cifras y datos que asustan. La gente no conoce la estrategia de cómo vamos a salir, no comparte la esperanza. Lo más básico es transparencia, es organización, comunicación clara en el manejo de crisis. Y aquí, en Santa Cruz, no se obtiene. La información te la dan a medias, no te contestan, no se reportan las cifras del rastrillaje y mucho menos qué se ha entregado a las familias. Queremos seguir ayudando de una manera más grande y ordenada, pero siendo parte de una estrategia.