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Los policías involucrados en la muerte del afroestadounidense George Floyd comparecerán este lunes en la Corte de Minneapolis para la primera audiencia de fondo sobre el asesinato que reabrió las heridas raciales en Estados Unidos. 

El ex agente blanco Derek Chauvin, de 44 años, se presentará a partir de las 17:15 GMT a través de videoconferencia desde la prisión de alta seguridad donde se encuentra recluido. 

Chauvin está acusado de asesinato por asfixiar a Floyd, un hombre negro de 46 años, arrodillándose sobre su cuello durante más de ocho minutos. 

Se espera que Alexander Kueng, Thomas Lane y Tou Thao, acusados de complicidad en el asesinato, comparezcan en persona a la audiencia. Los dos primeros fueron liberados bajo fianza de 750.000 dólares. 

Los cuatro, que enfrentan hasta 40 años de prisión, podrían aprovechar la audiencia para declararse o no culpables. Resta saber si serán juzgados juntos o por separado. 

Los cuatro participaron en el arresto el 25 de mayo de Floyd, sospechoso de haber intentado comprar un paquete de cigarrillos con un billete falso de 20 dólares en una pequeña tienda en Minneapolis, en el norte de Estados Unidos. 

Floyd, un hombre corpulento de 46 años, fue esposado y acostado en el suelo, donde Chauvin le puso la rodilla en el cuello para mantenerlo inmóvil. 

"No puedo respirar", dijo varias veces Floyd antes de perder el conocimiento. Pero a pesar de sus súplicas y de las intervenciones de los transeúntes, Chauvin continuó ejerciendo presión sobre el cuello de Floyd. 

El drama, cuyas imágenes capturadas por un transeúnte se volvieron virales, provocó una ola de protestas sin precedentes desde las grandes marchas por los derechos civiles de la década de 1960, que incluso trascendieron las fronteras estadounidenses. 

Desmantelar la Policía 

La ira en las calles aumentó rápidamente porque, al principio, el sistema de justicia tardó en reaccionar. La Policía inmediatamente despidió a los cuatro hombres, pero el fiscal local a cargo del caso recién arrestó a Chauvin cuatro días después de los hechos y solo lo acusó de "homicidio involuntario", sin procesar a sus colegas. 

El caso le fue retirado a la Fiscalía local y pasó directamente al fiscal del estado de Minnesota. Luego, una autopsia confirmó que Floyd había muerto debido a "la presión sobre su cuello" y los cargos contra Chauvin fueron reclasificados como "asesinato". Los otros tres policías involucrados fueron arrestados y acusados de "complicidad". 

Pero aunque esto fue un alivio para la familia de Floyd, las protestas continuaron en todo Estados Unidos. 

En las marchas se mezclaron llamados a reformar la Policía, a poner fin a la desigualdad entre los ciudadanos blancos y negros y asumir el pasado racista y esclavista del país. 

Esta presión ha dado ya sus primeros frutos: varios departamentos de Policía del país han renunciado a las "llaves de estrangulamiento", otros se han comprometido a hacer públicas las responsabilidades de sus agentes o a excluir a los poderosos sindicatos de los procedimientos disciplinarios. El Ayuntamiento de Minneapolis decidió incluso desmantelar su Policía para reinventar la forma en que se aplica la ley. 

Pero a nivel federal, el progreso ha sido más tímido. El presidente republicano Donald Trump, que está en campaña en procura de su reelección en noviembre, se ha centrado en los excesos cometidos al margen de las manifestaciones presentándose como garante de la "ley y el orden".​