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La decisión del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sobre la anexión de Cisjordania sigue siendo un misterio en víspera de la fecha clave, 1 de julio, a partir de la cual podrá tomar esta decisión histórica de consecuencias imprevisibles para la paz en la región.

Según el acuerdo suscrito en mayo entre Netanyahu y su antiguo rival electoral, Benny Gantz, su gobierno de unión se pronunciará a partir del miércoles sobre la aplicación del plan estadounidense de paz para Oriente Medio, que prevé entre otros, la anexión por Israel de colonias de judíos, consideradas ilegales por el derecho internacional, y el Valle del Jordán en Cisjordania ocupada.

Este plan, que es rechazado de plano por los palestinos, es visto por Netanyahu como una "oportunidad histórica". 

En las últimas semanas, el primer ministro no ha dejado entrever sus intenciones, mientras algunos observadores barajan que el gobierno podría atrasarlo o empezar a anexar solo algunas colonias o bloques de colonias como Maale Adumim, Gush Etzion o Ariel.

Benny Gantz, actual ministro de Defensa, aseguró que la fecha del 1 de julio no es "sagrada" y priorizó la gestión de la pandemia del nuevo coronavirus. Y es que tras controlar en un primer momento la pandemia, Israel registra actualmente un aumento del número de casos.

"Todo lo que no esté relacionado con la batalla contra el coronavirus esperará hasta después del virus", dijo el lunes Gantz, unas declaraciones a las que los servicios de Netanyahu no reaccionaron.

En este contexto de crisis sanitaria, solo el 5% de los israelíes consideran que la anexión debe ser la prioridad del gobierno, según un reciente sondeo de la cadena de televisión 12.

"Uno puede preguntarse, en este caso, por qué Netanyahu promocionaría su proyecto, si la opinión pública tiene tan poco interés", dice Yohanan Plesner, presidente del Israel Democracy Institute, un centro de investigación de Jerusalén.

Posteridad

"Una primera explicación podría ser querer desviar el debate hacia otro asunto diferente al de la inculpación de un primer ministro" por la justicia, estima el analista, al referirse a los problemas judiciales de Netanyahu, cuyo juicio por corrupción se inició a finales de mayo.

Otra explicación sería la voluntad de Netanyahu, el primer ministro que más tiempo ha permanecido en el puesto en la historia de Israel, de mantener el poder.

"Netanyahu se pregunta: '¿cómo hacer para seguir como primer ministro'"?, asegura Erez Yaacobi, experto en psicología política. "Sabe que la anexión es importante para la derecha, su base electoral. Estratégicamente, si no anexiona, será un problema con sus electores".

Pero Netanyahu no puede desoír las críticas a su proyecto en el extranjero.

El lunes, la ONU denunció de nuevo el plan israelí, alertando sobre las "ondas de choque (que) durarán décadas y serán sumamente perjudiciales para Israel y para los palestinos".

La Unión Europea emprendió una ofensiva diplomática para tratar de disuadir a Israel de que prosiga con su proyecto de anexión, pero no parece que pueda amenazar al país con sanciones ya que esto exigiría la unanimidad de sus Estados miembros.

Los países árabes han indicado por su parte que una anexión amenazaría a la región con un "conflicto mayor" y pondría fin a las ambiciones israelíes de "normalizar" las relaciones con los Estados Árabes del Golfo.

En Ramala, la Autoridad Palestina ya ha puesto fin a la cooperación en materia de seguridad con Israel y ha repetido que cualquier anexión anularía los acuerdos con el Estado hebreo. Sin embargo, el lunes aseguró que está dispuesta a reanudar las negociaciones bilaterales.

Pese a las críticas, Netanyahu podría seguir adelante con el proyecto cueste lo que cueste, dejando un legado político.

"Quiere dejar algo detrás en el momento en que se retire o muera", dice Yaacobi. En este caso, la "anexión será para siempre la de Netanyahu".