Escucha esta nota aquí

El desempleo ha trepado en Bolivia desde que se puso en vigor una cuarentena que ya dura 100 días, primer síntoma de la desaceleración de la economía a causa del coronavirus.

La tasa de desempleo urbano alcanzó 7,3% en abril, mientras que en marzo era de 5,7%, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El aumento del desempleo en abril confirma las predicciones de organismos internacionales, que alertaron que la pandemia tendría fuerte impacto en las economías de naciones en desarrollo por las prolongadas cuarentenas que paralizan el aparato productivo y el comercio.

La cuarentena nacional por el Covid-19, decretada el 17 de marzo y vigente con flexibilizaciones, ha sido extendida hasta el 31 de julio en este país que rebasó los 30.000 casos de coronavirus, con más de 1.000 muertos.

Con 11 millones de habitantes, Bolivia tiene un elevado grado de informalidad económica, con personas que sobreviven con los ingresos que generan al día y carecen de seguridad laboral.

El Banco Mundial pronostica que por la crisis sanitaria la economía boliviana se contraerá 5,9% este año, una cifra sin precedentes en más de tres décadas.

Los datos oficiales confirman preliminarmente ese vaticinio.

"Bolivia presenta una tasa de variación negativa de 5,60% en el periodo acumulado de enero a abril 2020", según el Indice Global de Actividad Económica (IGAE), un indicador elaborado por el INE que proporciona una estimación de crecimiento en el corto plazo.

El dato es revelador, aunque por las restricciones de la cuarentena la representatividad del indicador queda limitada al 65% de la economía, por lo que la cifra está sujeta a revisiones posteriores.

Cambiar para sobrevivir 

La pandemia ha obligado no solo el cierre de tiendas y talleres artesanales en Bolivia, sino que ha llevado a muchos a cambiar de rubro para sobrevivir a la crisis.

Es el caso de Rodrigo Vallón, quien por la abrupta caída de ventas y la consiguiente disminución de ingresos, cerró su taller de artesanía en cuero, despidió a sus cinco empleados y se puso a confeccionar mascarillas, cuya demanda se ha multiplicado por el coronavirus. 

"Con la pandemia nos hemos dedicado a hacer barbijos para vender. La economía ha disminuido y hemos empezado a hacer de todo para sobrevivir", relata Vallón a la AFP.

Vallón ofrece cubrebocas de cuero y aguayo (coloridas telas andinas artesanales) para diferenciarse de la competencia, pero sus ingresos actuales no equiparan a los que tenía antes de la pandemia.

"Las ventas son para subsistir, para pasar el día", afirma.

Es que por las restricciones sanitarias este artesano solo está autorizado a vender día por medio y en horarios reducidos, lo que disminuye sus posibilidades de generar ingresos.

Similar rumbo siguió Cristina Laura, artesana con 35 años de actividad en la confección de trajes para las festividades folclóricas, que son muy populares en Bolivia y que también están suspendidas por la pandemia.

"Por ahora, todo está suspendido. No tenemos trabajo y me estoy dedicando a hacer trajes de seguridad, especialmente para las cholitas", como se conoce a las mujeres aymaras que visten anchas polleras o faldas tradicionales, dice a la AFP.

Esta artesana tuvo que despedir a sus diez operarios porque no tenía dinero para pagarles.

Sus excolaboradores ahora también buscan otras actividades para sobrevivir. "De algo hay que comer", sentencia la mujer.