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Finalmente, la presión y la necesidad de algunos sectores por volver al trabajo empujaron a las autoridades de Santa Cruz a aceptar el retorno de la vida cotidiana en las calles, en un momento en que los números y las muertes por el virus crecen, en un tiempo que no esperó que la curva de afectación del Covid-19 comenzara a bajar, como se esperó en casi todos los países del mundo.

El lunes 6 de julio, cuando Santa Cruz vuelva a una mayor normalidad en sus actividades, la cuarentena rígida habrá concluido su ciclo de 108 días de confinamiento, un encierro que en los hechos fue muy parcial, que se cumplió moderadamente del cuarto anillo para adentro, y se ejecutó mucho menos en las zonas populosas y barrios por fuera de esa circunferencia.
Hasta la noche del lunes, Santa Cruz tenía 18.211 casos confirmados oficiales de los 32.125 que registra el país. A estas alturas, ya no queda ninguna duda de que esos datos son apenas referenciales, porque el número real de personas tocadas por el virus es muy superior, y probablemente habría que multiplicar por cinco para aproximarse a la cantidad más cercana a la realidad.

Santa Cruz, que incluso siguiendo solo los datos oficiales lleva cerca del 60 por ciento de infectados de todo el país, es la región más expuesta, y aun así saldrá a las calles el lunes 6, si bien con medidas de bioseguridad normadas desde la Alcaldía, pero con una expectativa de acatamiento muy baja, como lo es en este tiempo. 

De hecho, desde hace cuatro semanas las vías de circulación, calles y avenidas de la ciudad muestran una apariencia casi de normalidad por el intenso tráfico de vehículos particulares, un cuadro muy distinto al que se veía durante el primer mes de la cuarentena, donde prácticamente no se movía ni una bicicleta por la ciudad.

Y ese es precisamente el aspecto que más se tendría que cuidar desde el próximo lunes: los ciudadanos deben comprender que el problema no ha pasado; es más, ni siquiera hemos llegado aún al peor momento. Cada día que pasa es peor que el día anterior, pero también mañana aún lo será más que hoy en esta crisis sanitaria, porque la curva de contagios continúa en ascenso en Bolivia. 

Por tanto, el mayor esfuerzo de estas horas debe estar destinado a lograr que, por una vez en toda esta emergencia, los habitantes de esta ciudad comprendamos que si estamos saliendo a trabajar es porque no nos quedaba más alternativa para seguir sobreviviendo, pero que esa decisión conlleva también el mayor de los riesgos que puede derivar en una imparable escalada de la enfermedad, que podría hacer aún más dramático este cuadro de enfermedad y luto.

Todos, absolutamente todos en esta ciudad ya tenemos más de un familiar, vecino, colega de trabajo o amistad que ha fallecido trágicamente por Covid-19. El peligro no ha pasado; al contrario, es cada día mayor; la muerte acecha en la puerta, camina por las calles, y es a esas calles adonde ahora tendremos que salir por la necesidad de trabajar.

Que no ocurra que las autoridades responsables se vean en la obligación de volver a decretar el confinamiento rígido por el recrudecimiento de los contagios, como ha ocurrido en la gran mayoría de las ciudades que han dado este paso.