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Lo dijo Maximiliano Dorado, un narcotraficante brasileño preso en Brasil por asesinato a un periodista de Univisión en 2011: el hijo del Chapo Guzmán estuvo en Santa Cruz de la Sierra, hizo el curso de pilotos e incluso sufrió un accidente aéreo.

En ese momento, todo el aparato gubernamental salió a negarlo, pero en marzo de este año, el exministro de Gobierno Hugo Moldiz terminó por confirmarlo: Jesús Alfredo Guzmán, el hijo de Joaquín, el señor de los túneles, el capo del cártel de Sinaloa estuvo en Santa Cruz y recibió protección de Óscar Nina, excomandante de la Policía, preso en Palmasola, acusado de nexos con el narcotráfico y de haber acumulado una fortuna de más de $us 2 millones, pese a que percibía un sueldo mensual apenas superior a los $us 1.500.

Ahora, esa historia se ha vuelto una leyenda urbana en los hangares de El Trompillo, el aeropuerto que alberga a las escuelas de aviación en Santa Cruz de la Sierra. “He escuchado esa historia, pero no sabría decirle en qué escuela estudió”, dice un piloto sentado sobre una baranda, que no saca las manos de los bolsillos, mientras un mecánico aprovecha el mal tiempo para hacer mantenimiento a una vieja Cessna.

Aprendiendo a volar
En las oficinas de los taxis aéreos la historia se repite. Todos creen saber que el heredero del mayor narcotraficante mexicano pasó por estas pistas, surcó estos cielos, pero nadie recuerda -o no quiere recordar- en qué escuela se matriculó.

El único mexicano que recuerdan es un joven gordo, alto y suponen que el hijo del Chapo -enano, petizo, en chilango- debe ser pequeñito como su padre. Las fotos de 2012, cuando Jesús Alberto Guzmán fue arrestado en México, muestran otra realidad.

El hijo del Chapo es alto y robusto.
El curso de piloto comercial puede durar hasta dos años, pero los expertos aseguran que para piloto privado se puede sacar la licencia -o adquirir las habilidades- en cuatro meses, todo depende del dinero que tenga el alumno para invertir en horas de vuelo.

Lo que no entienden es por qué el hijo de un capo del narco mexicano hubiera elegido Santa Cruz de la Sierra para aprender a volar, cuando México tiene una aviación civil mucho más desarrollada que la boliviana y zonas del país con tan poco control estatal que pudo convertirse en un as del aire sin abandonar el taco y el mole.

“Aquí hay fuertes ráfagas de viento y llueve mucho. Es difícil volar incluso cuando hay condiciones. En México le hubiese sido más fácil”, dice el piloto en la terminal de El Trompillo.

Al final, uno de los pilotos se animó a hablar. “No hay para qué mencionar a la escuela, ¿no ves? Él estuvo con un carné falso y no se supo quién era. Pasó tres meses de clases y no fueron particulares sino que fue parte de un grupo de estudiantes. El único privilegio que tenía es que podía volar a la hora que él determinaba porque había pagado el curso por adelantado”, dijo el piloto.

Carlos Romero, ministro de Gobierno, señala que sabe que se ha desarrollado una investigación, que se confirmó la presencia de Jesús Alfredo Guzmán en Bolivia, pero no tiene un informe detallado sobre sus actividades en el país. “Pediré un informe complementario”, prometió el ministro.

Nadie recuerda el accidente del hijo del Chapo. Algunas fuentes indican que fue en octubre de 2009, pero en los registros oficiales el único accidente de ese mes fue en un avión militar y murieron sus dos ocupantes. Hay accidentes en noviembre y en diciembre en los que los ocupantes resultaron ilesos, pero en esos percances se indicó que las avionetas venían de una estancia ganadera y de Cochabamba. Ninguna figuraba como nave de instrucción de vuelo.

Para 2009, el momento de su estadía en Bolivia, Alfredo Guzmán era acusado en EEUU de haber traficado entre 1.500 y 2.000 kilos de cocaína por mes desde México hacia Chicago.

Según un informe de prensa, la cocaína y heroína manejada por la célula de Chicago era distribuida hacia los clientes del cártel de Sinaloa en Cincinnati y Columbus, Ohio, Detroit, Milwaukee, Nueva York, Filadelfia, Washington, DC, Vancouver, Columbia Británica, y otros lugares de Estados Unidos y Canadá. Esa denuncia contra el hijo del Chapo figura en una corte de Brooklyn.

Los nexos
Ahora, México ha pedido cooperación a Bolivia para ver los nexos de Joaquín Guzmán con los narcos bolivianos y el fiscal general del Estado, Ramiro Guerrero, prepara un informe para enviarlo a sus pares aztecas.

En conversación con EL?DEBER, Guerrero explicó que hay una investigación abierta sobre el tema, pero no ofreció mayores detalles. “El exgeneral Nina y toda una serie de personas que supuestamente estarían involucradas y a partir de eso se están viendo qué nexos podrían haber", dijo Guerrero a eldeber.com.bo.

Sin embargo, hubo otra investigación que incluía a 40 personas que comenzó a tramitarse en 2012. En ese tiempo, se hablaba de enormes expedientes que versaban sobre una red de narcotraficantes y encubridores bolivianos ligados al cártel de Sinaloa y a su líder, Joaquín Guzmán.

Se abrió una investigación especial y se creó una comisión de fiscales, de la cual formó parte Marina Flores, que luego llegaría a ser fiscal de distrito de Santa Cruz. Flores apenas recuerda el caso.

Cree que no estuvo ni siquiera una semana como parte de él, porque pronto la mayoría de los fiscales asignados a la investigación fueron cambiados y no supo del destino de esos legajos o si se continuó la indagación. Así, con el paso del tiempo, las huellas del Chapo en Bolivia se difuminan