Opinión

Escalada criminal en la frontera

El Deber Hace 10/6/2018 8:00:00 AM

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El sicariato, uno de los brazos operativos del crimen organizado, sigue dejando su estela de violencia y muerte en territorio boliviano, especialmente donde no se deja sentir con fuerza suficiente la presencia del Estado, como, desde siempre, viene ocurriendo en San Matías, en el departamento de Santa Cruz. La capital de la provincia Ángel Sandóval, ante la indiferencia de los gobernantes de turno, se ha convertido en ‘zona roja’ del narcotráfico. El exalcalde Hubert Velarde Rivero, que dirigió el municipio matieño entre 2005 y 2010, es una de las últimas víctimas de una secuencia espantosa y creciente que registra 60 asesinatos en los últimos 15 años y 11 en lo que va de la presente gestión, la mayoría de ellos atribuidos a ajustes de cuentas relacionados con el tráfico de drogas.

Velarde Rivero fue acribillado a balazos, a plena luz del día y en la puerta de su domicilio, por un par de sicarios que luego se dieron a la fuga a bordo de una motocicleta en dirección a una comunidad fronteriza con Brasil. Hace un par de años, un hermano suyo corrió la misma suerte y en agosto, un ganadero que visitaba a sus allegados fue muerto a balazos porque sus victimarios lo confundieron con Velarde, que ya había sido prevenido por la Policía sobre el peligro de muerte que le acechaba desde hace tiempo.

San Matías, con una población cercana a los 20.000 habitantes, distante más de 800 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra y conectada desde su fundación, hace 150 años, por un camino de tierra que se vuelve intransitable en épocas de lluvia, como las que ya se aproximan, sufre por la falta de atención de graves problemas que afectan la calidad de vida de su gente. La alarmante inseguridad ciudadana es uno de esos problemas porque en el combate contra el delito y sus diferentes formas lleva las de perder un reducido número de policías mal equipados, mucho más en una localidad que bordea la poco resguardada frontera con Brasil. La pobreza y el aislamiento son otros factores que estimulan la delincuencia en una zona geopolíticamente sensible y que se ha convertido en ‘corredor’ por donde transita la cocaína hacia nuestro gigante vecino y hacia ultramar. Los matieños sufren también por los bajos presupuestos públicos, la especulación e inflación de precios, especialmente en los artículos de primera necesidad.

Como en San Matías, la escalada criminal en otras localidades de la geografía boliviana y, con énfasis especial, en nuestras extensas y vulnerables fronteras, tiene que ser frenada cuanto antes por el Gobierno central, mejorando sustancialmente la vigilancia de la soberanía nacional y reforzando la lucha contra las actividades ilícitas