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Carlos de Mesa estuvo unas horas en Santa Cruz de la Sierra para presentar a su ‘equipo de trabajo’. En la sala más chica de un hotel de cinco estrellas, el candidato presidencial del Frente Revolucionario de Izquierda navegó por un mar de camisas tan blancas como las hojas no escritas y las paredes de las casas de pueblo antes de las elecciones, y aseguró que no solo se trata de ganar las elecciones, sino para construir un proyecto nuevo: “Se trata de recuperar la democracia como concepto, que fue aquello que heredamos del 82, para no repetir el cuoteo del primer periodo democrático, ni la hegemonía absolutamente excluyente del actual Gobierno, sino para construir una democracia de verdad, de todos, una democracia de ciudadanos”, dijo al concluir su discurso.

A diestra y siniestra había jóvenes y su anfitrión, Gustavo Pedraza, que fue su ministro en su gobierno y que fue imputado con él en el caso Quiborax. De Mesa lo llamó su “representante” en Santa Cruz de la Sierra. Él fue el encargado de abrir la presentación.

Fue el único que recordó algo parecido a una militancia partidaria durante la mañana. De Mesa y sus seguidores quieren casi borrar la idea de partido político de su campaña. En el cartelón que había detrás del equipo que estaba siendo presentado, el logo del FRI era apenas un óvalo de no más de 10 centímetros de ancho. Mucho más grande estaba el lema de campaña, Gobierno de ciudadanos. Ni siquiera tenía los colores del partido fundado por Motete Zamora. La frase tenía escrita en rojo y verde, los colores de la bandera de La Paz.

En la presentación de los jóvenes, Pedraza aseguró que la mitad de los habitantes de Santa Cruz había llegado de los otros ocho departamentos de Bolivia. “El proyecto que encabeza Carlos de Mesa persigue renovar a los protagonistas, al país, al ejercicio de la política. Queremos establecer y recuperar el Estado para que sirva a la ciudadanía, para que los hospitales públicos den atención y que no sean las quermeses las que curen las heridas”, prometió.

Aseguró que con esto el proyecto político demuestra que la renovación no es una fantasía, sino un hecho. “Sabemos que el terreno de la política es escabroso, pero estamos preparados”, aseguró.

La primera en hablar fue Luisa Nayar, una activista de 23 años que aseguró que ahora los jóvenes siguen causas y no candidatos y que la causa ahora es la recuperación de la democracia. Le siguió Óscar Gómez, que es parte de la plataforma Me Comprometo con Bolivia, aseguró que entran a la política limpios y sin manchas y que saldrán así. Recordó un poco el lema del Movimiento Bolivia Libre: Somos trigo limpio, aunque, con 35 años de edad, difícilmente tuvo la oportunidad de ver al desprendimiento del MIR que terminó de aliado del MNR.

La tercera en hablar fue María José Salazar, que se mostró nerviosa, pero dijo varias cosas antes de pasar el micrófono: recordó que son activistas que comenzaron defendiendo el Tipnis y que luego avanzaron a la defensa de la democracia y el Estado de derecho. Habló de empoderamiento ciudadano y de tomar acción por sí mismo. Tuvo que ser De Mesa, minutos después, el que aclarara que se trataba de la hija de Edmundo Salazar, el diputado del FRI asesinado por investigar el caso Huanchaca, un narcoescándalo que comenzó con el asesinato de Noel Kempff y otras personas en la meseta de Caparuch y que luego implicaría hasta a la CIA y el escándalo de Irán-Contras.

El grupo también incluía a un médico, Iván Canaviri, un cirujano que aseguró que en el país hay canchas de pasto sintético vacías, cerradas con candados, y hospitales repletos hasta el piso. Él quiere cambiar la salud y recordó que mientras algunos ministros tienen la posibilidad de encontrar la cura para el cáncer en otros países, mientras acá la gente se muere.

Andrés Soriocó, un indígena chiquitano de San Antonio de Lomerío, que tiene una licenciatura en Filosofía y otra en Ciencias políticas, pero trabaja de albañil, habló de uno de los principales problemas de los jóvenes: el desempleo. Por su parte, Luis Fernando Ortiz, un joven graduado en Harvard, contó el calvario que tuvo que pasar para sacar de nuevo sus documentos para volver al país y aseguró que se necesita modernizar el Estado, ampliar el Gobierno electrónico y pidió retomar las alianzas entre lo público y lo privado, evitando los gastos absurdos.

“Sin caudillos”

Cuando le tocó el turno de hablar a Carlos de Mesa, en lo primero que reparó es que solo uno de los nuevos miembros de su equipo había mencionado su nombre.

Lo tomó como una lección, como un síntoma de un gobierno de ciudadanos, donde las causas son más importantes que las personas. Habló de causas como la recuperación de la democracia, pero también del medioambiente, conectividad, ciudad amigable, empleo, pueblos indígenas: asuntos en los que se involucran los jóvenes. Aclaró que renovación no solo se refiere a juventud, sino a una agenda distinta. Definió ciudadanía como un ejercicio individual de derechos y obligaciones dentro de un proyecto colectivo y aseguró que la mayor afirmación de la bolivianidad, expresada en las luchas por el respeto al voto del 21-F a través de las plataformas ciudadanas, tuvo mayor intensidad y número en Santa Cruz.

“Para quienes dudaban en el resto del país sobre aquel compromiso, esta reafirmación de bolivianidad tiene aquí un corazón fundamental”, dijo y calificó a la región como “ese crisol cosmopolita, pero sobre todo ese espacio de oportunidad, ese espacio de brazos abiertos”. De Mesa tiene varios anticuerpos en Santa Cruz por su relación con la región cuando fue presidente.

“Es un orgullo saber que vamos a romper la vieja tradición de la persona, el nombre; la vieja representación de quien tiene las cualidades intransferibles de valor. Eso no existe. Nadie representa el cambio, ni el proyecto, ni la revolución, ni el futuro. Y el país ni muere ni vive porque esa persona muera o viva”, dijo antes de marcharse. Según Pedraza, la idea es repetir la experiencia cruceña en todo el país, formar grupos de ciudadanos sin necesidad de militancia ni partido que se hagan cargo de la campaña y el proyecto del ‘gobierno de ciudadanos’.