Opinión

Asamblea contra el 21-F

El Deber 19/7/2018 04:00

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Están desesperados. No saben cómo callar la marea humana que defiende el voto del referendo pasado. No saben cómo consolar al jefe. Por todas partes se topan con la misma cantaleta de lo que Bolivia ya dijo y del respeto al voto. Intentan actuar como si nada pasara, pero es indisimulable que les duele y que se enfurecen y que les brotan sin pensarlo, las amenazas de represión y muerte.

El partido gobernante ha decidido reunirse en gran asamblea. Quieren planificar juntos la batalla definitiva contra la plaga de activistas. Quieren llenar las redes sociales de contramensajes. Quieren salir a las calles. Quieren pintar las paredes. Quieren hacer rebalsar los medios con artículos y con opiniones. Quieren preparar normas y castigos ¿Se imagina usted ese encuentro de fanáticos dándose cuerda entre ellos mismos un día, y otro, y otro? ¿Podrá salir de ahí una idea luminosa? Imposible. El fruto será un recalentado de todas las iras y rabias.

Lo primero a sugerir sería, en lugar de hacer un gran mitin interno, consultar a buenos técnicos qué deben hacer. La pena es que a los técnicos de calidad que tenían, los han hecho correr. Como eran inteligentes, eran críticos, y eso en el MAS es pecado de deslealtad. Pues bien, que consulten a los de afuera. Ellos les podrán decir con más realismo que nadie cuáles son las debilidades del Gobierno y del partido. Dirán qué pudo haber alejado a los que hace poco fueron incondicionales admiradores del presidente. Ellos describirán con detalle el proceso que sufrieron de decepción y alejamiento. Ellos explicarán con chuis cómo se fueron desmoronando los amores y fidelidades. Podrán hacerles una lista de inconsecuencias, de incongruencias, de mentiras, que derrumbaron los mitos del sueño de justicia, del indigenismo, de la construcción de la nueva patria, de la honestidad y el servicio, que hicieron soñar a más de la mitad del país.

No se trata de gritar consignas. Se trata de convencer. Pero no hay tarea más difícil que convencer a los desengañados. No servirá hacer propaganda. Habría que dar un mensaje al país que nos haga creer que Evo y sus acólitos reconocen sus errores y han decidido cambiar radicalmente. Tienen que convencernos de que no buscan el poder por su ambición sin límites, sino porque han descubierto pasos concretos que deben y que quieren dar ya. Tienen que demostrar que se han dado cuenta de que los dineros del Estado no son para la propaganda personal del jefe, sino para atender a la sociedad desde los servicios nacionales y desde los gobiernos regionales y locales. Tienen que dejar muy claro que la justicia no es su látigo, sino que están decididos a convertirla en una realidad nacional independiente. En fin, para qué hacer la lista infinita, si bastaría con una primera prueba de fuego, que sería borrar toda duda de que para el presidente son más importantes los indígenas y la población en general que los intereses de los cocaleros de Chapare.

No hay enemigos que vencer, ni delincuentes que castigar. Hay un pueblo a enamorar, pero con el agravante de que ya se desencantó, ya pidió el divorcio. Los insultos y las amenazas no sirven. Logran todo lo contrario, porque empeoran las cosas. No hay que repetir ni uno de los errores cometidos. No hay que volver a caer en ninguno de los vicios que los han hecho famosos, sino todo lo contrario.