Escucha esta nota aquí

El hacendado brasileño Rui Escobar agita un documento amarillento, sin ocultar su frustración: es el título de propiedad de su estancia, que tribus indígenas aseguran les pertenece desde hace mucho, mucho antes.

"Esta granja pertenece a mi familia desde hace más de 100 años, pero no puedo cultivar ahí porque los indígenas la han ocupado. Tuve que ir con el ejército a cosechar mi maíz", dijo este terrateniente de 55 años en Dourados, en el estado de Mato Grosso do Sul (oeste).

En conflictos de tierra agravados por la producción masiva de soja, maíz y ganado en la zona, los hacendados de Brasil son representados muchas veces como los villanos que arrebatan a los indígenas sus derechos ancestrales, y que a veces usan violencia letal en su contra. No solo tienen el dinero y la pólvora, sino un enorme músculo político en el Congreso, donde el lobby del agronegocio es uno de los más poderosos.

Pero la realidad es más compleja, y terratenientes como Escobar aseguran que también son víctimas.

Las raíces de la lucha por la tierra data del siglo XIX, cuando el Estado entregó tierras en la frontera con Paraguay a colonos no indígenas. Las tribus guaraníes del lugar fueron expulsadas y transferidas a reservas que se convirtieron en miserables centros de prostitución y alcoholismo.

Luego, hacia 1970, el gobierno comenzó a demarcar tierras ancestrales guaraníes y los indígenas vieron la oportunidad de regresar.

Para algunos esto ha sido relativamente simple, pero muchas veces dio lugar a disputas legales, dejando incierto el estatus de esta tierra valiosa, en su mayoría praderas deforestadas ocupadas por ganado y plantíos de maíz y soja.

Muchos guaraníes se tornaron impacientes con los retrasos sin fin y se mudaron a sus tierras ancestrales de todos modos, proclamando sus derechos y construyendo barracas con techos de palma sobre antiguos cultivos o al borde de plantaciones de caña de azúcar. La turbulencia provocó un derrumbe de cerca de 60% en los precios de la tierra en cinco años y afectó el mercado de semillas y de equipamiento agrícola.

"¿Quién va a comprar equipamiento o tierra si corre el riesgo de que le invadan mañana?", preguntó Escobar.

La facturación de la hacienda de su familia llegó a ser de 1,9 millones de dólares antes de la ocupación, pero ahora asegura que está cerca de la quiebra.
?