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Fuerzas del Gobierno asediaron ayer varias zonas de la combativa Masaya, en el sur de Nicaragua, causando al menos 10 muertos, incluyendo dos menores, y unos 20 heridos.

Seis de los muertos son civiles, entre ellos dos menores de edad, y cuatro policías antimotines, según un informe preliminar de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (Anpdh).

El ataque se registró en la ciudad de Masaya, 30 km al sur de Managua, y las comunidades vecinas de Niquinohomo, Catarina y el barrio de Monimbó.

"Este es un informe preliminar, aún está en proceso de investigación de los nombres y edades de los fallecidos", dijo el presidente de la Anpdh, Álvaro Leiva. "Hay francotiradores ubicados en diferentes partes de la ciudad. Le pedimos a los ciudadanos resguardarse en sus casas", instó. "Van a destruir Masaya, está absolutamente rodeada" por fuerzas gubernamentales, dijo la presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Vilma Núñez.

Los pobladores del barrio Monimbó de Masaya resistieron el ataque de los antimotines y paramilitares. "Nos están atacando la Policía Nacional y parapolicías encapuchados y armados con AK y ametralladoras a nuestro barrio indígena", denunció Álvaro Gómez, poblador del lugar. Leiva lanzó un "SOS" a los obispos de la Conferencia Episcopal, al alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Un vehículo en el que iba el obispo Abelardo Mata fue atacado ayer a tiros por un grupo de parapolicías que se mantienen apostados entre la carretera que conduce de Managua a Masaya. Los ocupantes salieron ilesos. 
 
En caravana 

Ante el asedio, organizaciones de la sociedad civil se dirigen hacia Masaya desde Managua en una caravana de solidaridad. 

La incursión se produce en medio de la ofensiva que el Gobierno emprendió a inicios de julio para ‘limpiar’ a punta de balas las barricadas de los manifestantes en todo el país, en el marco de las protestas, que causan más de 270 muertos desde el 18 de abril, iniciadas por el rechazo a reformas de salud. Ortega (72) gobierna el país desde hace 11 años. La vicepresidenta es su esposa.

Después del asedio a los estudiantes en una parroquia, el diálogo está amenazado

Policías y paramilitares asediaron entre viernes y sábado a unos 200 estudiantes atrincherados en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), en un violento asalto que causó dos jóvenes muertos y 14 heridos.

Tras unas 20 horas de terror, una gestión de la Iglesia católica permitió a los jóvenes salir del templo Divina Misericordia, donde se refugiaron tras ser tiroteados en la UNAN, en el suroeste de Managua.

 “Nos estaban tirando a matar. Ellos con armas de alto calibre, nosotros solo con morteros", contó un joven en la céntrica catedral de Managua, donde fueron llevados en buses escoltados por ambulancias y por la comitiva eclesiástica mediadora. La UNAN, donde los muchachos estuvieron casi tres meses en barricadas, era el último bastión de resistencia de los estudiantes, punta de lanza de la sociedad civil que exige la renuncia de Ortega, a quien acusan de una brutal represión. Los religiosos de la Conferencia Episcopal son mediadores en el diálogo entre el Gobierno y la opositora Alianza Cívica, en busca de una salida a la crisis que vive el país tras la ola de protestas en demanda de la salida del poder de Ortega. Los obispos plantearon adelantar las elecciones de 2021 a 2019, pero el mandatario rechazó esa posibilidad.

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