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Fue uno de los excancilleres que acompañó a la comitiva a La Haya y es el artífice de la resolución de la OEA en 1979, cuando Bolivia logró una victoria política regional. Gustavo Fernández dijo que esa resolución es comparativa a la de los incidentes preliminares que resolvió la CIJ.

¿Cómo debería ser el escenario pos La Haya?
Hay que hacer un trabajo político-técnico que analice los planteamientos y una valoración adecuados a objetivos y medios, porque debemos ser conscientes de que una cosa es lo que queremos y otra cosa es lo que podemos, esa valoración es importantísima, debe ser objetiva y no triunfalista, pero tampoco podemos tranquilizarnos o resolver nuestros problemas reduciendo nuestra demanda; ese es el equilibrio que debemos encontrar.

El presidente habló de un acuerdo sin perdedores... 
Es necesario encontrar una fórmula que satisfaga a todos, una negociación tiene que conciliar los intereses de todos, ese es el propósito de la negociación. Hay bases sobre las cuales trabajar, pero hay una realidad nueva que debemos interpretar: la Bolivia de 2018 es otro país, con otra proyección y con otros intereses y en Chile también cambiaron, hay que volver a calibrar las posibilidades de hoy y las necesidades del futuro, no podemos pensar en el 2020 sino ver el 2050.

En Chile dicen que los fallos de la CIJ son solamente recomendaciones.

Primero, que los estados son estados independientemente de los gobiernos que los representan, pero la paradoja, que no sé cómo se puede explicar en Chile, es que los gobiernos democráticos fueron los más negativos en su relacionamiento externo; pero deben tener en cuenta que cuando Chile dice que no es obligación cumplir el fallo pone en duda su credibilidad, toda su conducta internacional, porque quiere decir que sus intervenciones en el sistema de ONU son para ellos anécdotas.

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