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Un comerciante de 77 años terminó muerto luego de que dos ladrones se metieron e su casa del barrio porteño de La Boca, en Argentina, lo maniataron y le robaron. No se sabe si lo mató el disgusto o la violencia de quienes entraron a robarle, o una macabra combinación de ambas cosas.

Pedro Piantanida fue hallado muerto por una mujer que, en el momento del asalto, estaba en la casa con él. Cuando los dos ladrones entraron al departamento (un quinto piso de un edificio ubicado sobre la avenida Almirante Brown 773) los maniataron a ambos. En cuanto se fueron, ella logró zafar de las ataduras, fue hasta la habitación adonde estaba el comerciante pero lo encontró tirado en el suelo, ya muerto.

La primera hipótesis de los investigadores es que Piantanida murió como consecuencia de un infarto en el contexto del robo. Otra versión –que anoche tenía menos fuerza entre quienes trabajan en la investigación del caso– es que perdió la vida producto de los golpes que le dieron.

El robo ocurrió durante el mediodía de ayer. Piantanida estaba en el departamento con la mujer, María Stella, de 62 años, que según las primeras versiones era quien lo ayuda con las tareas domésticas (aunque también se comentó que podría ser su concubina). Cerca de las 13, alguien golpeó la puerta de la casa, la víctima abrió y del otro lado estaban los dos ladrones, que lo empujaron y entraron por la fuerza.

Los asaltantes forcejearon con Piantanida hasta que lo dominaron. A él lo ataron en su habitación, y a la mujer, en otro ambiente del departamento. Luego revisaron toda la propiedad para llevarse dinero y objetos de valor, aunque anoche se desconocía específicamente qué habían robado.

Al rato los ladrones escaparon. Y un poco más tarde María Stella se desató. Cuando fue en busca de Piantanida lo encontró tirado en el suelo, todavía atado, pero ya sin vida, algo que fue corroborado por los médicos del Sistema de Atención Médica de Emergencia (SAME) que llegaron ante el llamado de la mujer.

Piantanida había quedado viudo años atrás, cuando su esposa murió trágicamente en un bingo, y era dueño de una ferretería naval en el corazón del barrio La Boca, sobre la calle Pedro de Mendoza, a metros de Caminito. Allí trabajaba con un yerno y un nieto. Tenía cuatro hijas.