Opinión

El Comité Cívico y el representante provincial

El Deber Hace 2/1/2019 8:00:00 AM

El Comité pro Santa Cruz fue creado en nuestra ciudad y para nuestra ciudad, que entonces era una aldea grande en vías de desarrollo, el 30 de octubre de 1950. Sin embargo, los cívicos, de manera unilateral y sin consultar con los cruceños, han elegido la fecha en que se conmemora la fundación de Santa Cruz de la Sierra (26/02/1561) para realizar su parodia de elecciones democráticas en las que no participa el pueblo (el demos), sino un puñado de instituciones corporativas. O sea que en el seno del Comité –cuyo directorio hace huelga de hambre exigiendo al Gobierno central el respeto a la democracia– se practica el voto calificado.

En nuestro modesto criterio –y condicionado a que la dirigencia cívica se amolde a los cambios de época que se viven–, las elecciones deberían hacerse en el mes de octubre y la posesión de las nuevas autoridades en el día en que fuera electa o designada la primera directiva del Comité, para darle mayor realce al acontecimiento de manera que no figure como algo accesorio a la fecha de fundación de la ciudad, que tiene su propio programa de festejos con bombos y platillos.

El Comité Cívico fue creado a iniciativa del doctor Hernando García Vespa (entonces un joven universitario estudiante de leyes), junto a otros benianos, para la defensa de los intereses de la cruceñidad, bloqueados en esa época por el centralismo del Gobierno movimientista, pero hasta la fecha funciona igual que un partido político adscrito a la oposición, aunque algunas veces hizo buenas migas con ciertos gobiernos de turno con los cuales cogobernó ocupando estratégicas carteras ministeriales.

Por supuesto que se salvan honrosas y escasas excepciones, que las hubo, sobre todo cuando la institución se halló en manos de los patricios de antaño, que le dieron lustre y mereció ser considerada el ‘gobierno moral de los cruceños’, de todos y no de una simple camarilla usurpadora que solo se representa a sí misma.

Pero a lo que nosotros queremos referirnos adicionalmente es a la influencia perniciosa, al predominio perverso que ejerce el representante de los comités cívicos provinciales, que hace más de una década se ha incrustado en el directorio del Comité y ha acumulado tal poder de decisión que hace inclinar el fiel de la balanza en favor de los candidatos de su predilección, que por lo general provienen de los llamados grupos de poder (supuestas logias) que reinan y gobiernan la institución, sin darles chance a otras fórmulas menos retrógradas.

Recientemente, el aludido representante ha proclamado públicamente la candidatura que encabeza el actual vicepresidente, cuya elección se da por descontada, puesto que garantiza ‘el continuismo’ del sistema imperante, que solo es mal visto cuando es Evo Morales quien pretende aplicarlo repostulándose para un cuarto mandato. Para que la parodia de las elecciones no siga reproduciéndose, habría que quitarle poder al susodicho representante para que no se entrometa en el proceso de selección y proclamación de candidatos que solamente compete a los cruceños y no así a los chiquitanos, los guarayos o los chiriguanos, que se permiten elegir a sus directivos con total independencia y autonomía, mientras que nosotros no podemos hacer lo mismo.

Que conste que no planteamos suprimir al representante provincial (que sería lo ideal), pero este señor debería limitarse a coordinar con los cívicos cruceños la defensa intransigente de nuestros intereses cuando la ciudad y las provincias así lo requieran. En todo caso, preguntamos: ¿no sería posible que la directiva del Comité se la conforme con la participación de todas las provincias para que la elección parezca más democrática y se ponga punto final al odioso pasanaku?